Seis días después de que dos terremotos consecutivos sacudieran la zona central de Venezuela, la magnitud real de la tragedia sigue revelándose. Según los últimos datos oficiales venezolanos, la cifra de fallecidos asciende a 1.719 y la de heridos a 5.034, mientras continúan las labores de búsqueda de sobrevivientes bajo los escombros.
La cifra ha escalado de manera sostenida desde el primer reporte oficial. El primer parte entregado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez la mañana del 26 de junio confirmó 235 muertes y 4.500 heridos. Horas después la cifra subió a 589 fallecidos, y esa misma noche el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, la elevó a 920 fallecidos con 3.360 heridos. El domingo 28 de junio las autoridades venezolanas informaron 1.450 fallecidos, cifra que un día después subió a los 1.719 confirmados.
El peor sismo en más de un siglo
El doble terremoto del miércoles 24 de junio es el más mortífero que ha vivido Venezuela en el último siglo. Cincuenta y nueve años antes, en julio de 1967, un sismo cerca de Caracas dejó 245 personas fallecidas. La diferencia de magnitud entre ambas tragedias ilustra la dimensión de lo ocurrido esta semana.
Chile en terreno: dos aviones, 47 rescatistas y diez días de autonomía
El despliegue de Chile en la zona de desastre ha sido sostenido desde los primeros días. La planificación consistió en el vuelo de dos aeronaves: un KC-135 con 30 bomberos y equipamiento especializado en rescate, que llegó a la base militar El Libertador de Maracay la madrugada del viernes, y un C-130 Hércules con 17 rescatistas y ayuda humanitaria, que llegó al aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía al día siguiente.
Los bomberos chilenos permanecen desplegados en la zona afectada con plena autonomía logística por un período estimado de diez días, contando con provisiones, agua potable, equipos de comunicación satelital y coordinación permanente con SENAPRED y la Subsecretaría del Interior. La ONU confirmó que Chile es uno de los 17 equipos nacionales especializados en búsqueda y rescate urbano activados a través de la red INSARAG, junto a Colombia, Estados Unidos, Italia y Suiza, entre los primeros en llegar al país.
Cuatro chilenos fallecidos
El costo humano de la tragedia también golpeó a connacionales. El primer deceso confirmado fue el de Erika Ramírez, de 44 años, quien murió en un restorán de La Guaira cuando un muro colapsó sobre ella y su esposo; él fue rescatado con vida después de 30 horas. Ramírez tenía nacionalidad chilena por línea materna. El domingo, la Cancillería confirmó el fallecimiento de una segunda persona de nacionalidad chilena, residente en Venezuela desde hacía mucho tiempo y con hijos venezolanos. Para el jueves 25, la Cancillería ya había reportado un cuarto connacional fallecido en la tragedia.
La ventana diplomática que Chile no tenía con Venezuela
Uno de los efectos colaterales más significativos de la tragedia es el acercamiento diplomático que ha generado entre dos gobiernos sin relaciones formales. El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, quien encabezó la primera misión de ayuda humanitaria, reconoció que «Chile no tiene relaciones diplomáticas con Venezuela, por lo tanto no hay autoridades chilenas allá», pero calificó la situación como «una oportunidad que queremos aprovechar de manera muy respetuosa».
Pavez fue más allá al señalar que «esta diplomacia humanitaria que se ha abierto inesperadamente puede dar pie a un avance más fluido y más rápido, a una diplomacia estable entre Chile y Venezuela», agregando que «difícilmente hay un país con el cual se necesite tener más relaciones hoy que con Venezuela, por la cantidad de familias venezolanas que hay aquí».
La magnitud del desastre y la respuesta internacional
La ONU desplegó 25 equipos internacionales de búsqueda, rescate y atención médica con más de mil especialistas, y liberó 15 millones de dólares de emergencia. Hasta 6,7 millones de personas podrían estar afectadas, incluidos unos dos millones solo en Caracas. Las autoridades venezolanas implementaron además un sistema de control para el traslado de periodistas con buses de 90 puestos diarios hacia las zonas de desastre, mientras Uruguay puso a disposición un avión Hércules y se enfocó en el aporte de plantas potabilizadoras de agua.
Seis días después de la tragedia, Venezuela sigue contando sus muertos. Y Chile, sin relaciones diplomáticas formales con el país, continúa siendo uno de los primeros en llegar a ayudar a buscar a los que aún faltan.