El Gobierno de Chile anunció este martes su adhesión formal al «Escudo de las Américas», la coalición internacional contra el crimen organizado impulsada por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que reúne a una quincena de gobiernos de América Latina y el Caribe. El anuncio se concretó mientras el Presidente José Antonio Kast se encontraba en Nueva York, participando de la 81° Asamblea General de las Naciones Unidas.
De observador a miembro pleno
Chile había participado en todas las reuniones de esta instancia desde su creación en marzo de este año, pero hasta ahora mantenía un rol de observador, junto a Bahamas, sin sumarse formalmente como miembro. El propio ministro de Defensa, Fernando Barros, había explicado en agosto la lógica detrás de esa cautela inicial: «Aquí hay una oferta de colaboración, y uno puede participar en todo o en cosas que realmente se necesitan. Nos vienen muy bien ayudas en ciertas materias: inteligencia, información, tecnología, pero no necesitamos quizás más que eso».
Con el anuncio de este martes, esa etapa de observación queda atrás. Consultado directamente sobre las condiciones de esta adhesión, el Presidente Kast fue enfático en despejar cualquier duda sobre la soberanía nacional. «Aquí no hay un tratado, para que nadie diga que estamos pasando a llevar la soberanía o la institucionalidad del país», señaló el Mandatario en un punto de prensa desde Nueva York.
Los beneficios concretos para Chile
Según el comunicado oficial del Ejecutivo, la participación en este grupo de coordinación genera beneficios operacionales inmediatos para el país. Acceso a información especializada contra el crimen organizado, sistemas de análisis inteligente de datos, y capacitación directa para Carabineros de Chile y la Policía de Investigaciones (PDI). A esto se suma una mejor coordinación interfronteriza con Argentina, Bolivia y Perú, además de otros países de la región, un elemento especialmente relevante considerando los desafíos de control migratorio y tráfico transnacional que Chile enfrenta en sus fronteras.
El propio Kast valoró la magnitud de esta coalición: «Esto nos da certeza a todos de que tendremos normas similares para perseguir a estas organizaciones. Que sean quince países habla de que esto es algo global, que uno de los flagelos más grandes que tenemos hoy en día es el crimen organizado y las migraciones», afirmó.
Un complemento a la estrategia regional que Chile ya lidera
El Ejecutivo fue claro en señalar que esta adhesión no reemplaza, sino que complementa, otras instancias de cooperación que Chile ya impulsa en la región. La iniciativa «permitirá combatir el crimen organizado de manera coordinada, complementando el trabajo del Compromiso de Santiago contra la delincuencia transnacional», precisó el comunicado oficial, en referencia al mecanismo de coordinación sudamericana que el propio Kast ya había destacado horas antes en su discurso ante la Asamblea General de la ONU.
Las 25 organizaciones criminales bajo la mira
El «Escudo de las Américas» identificó un total de 25 organizaciones criminales que operan a nivel regional y que serán objeto de esta coordinación conjunta. Entre ellas destaca el Tren de Aragua, la megabanda transnacional nacida en Venezuela que en Chile ya está vinculada a causas emblemáticas como el homicidio de un policía y el secuestro y asesinato de un exmilitar y refugiado político venezolano. También figuran el Cartel Jalisco Nueva Generación y el Cartel de Sinaloa de México, el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho de Brasil, y Los Choneros y Los Lobos de Ecuador —todas organizaciones que el propio grupo de coordinación calificó como «amenazas reales y complejas que requieren una coordinación regional».
Un rol estratégico que se consolida
La estructura de esta coalición opera como brazo operativo del Comando Sur de Estados Unidos (Southcom), y contempla el fortalecimiento del intercambio de inteligencia, la ampliación del entrenamiento combinado, la mejora en la interoperabilidad de las fuerzas participantes, y el apoyo a esfuerzos de interceptación marítima y respuesta ante desastres naturales. Para Chile, con su extensa costa sobre el Océano Pacífico y su posición estratégica en el extremo sur del continente —reforzada además por el rol del Estrecho de Magallanes que el propio Kast destacó horas antes ante la ONU como «una alternativa indispensable para el comercio mundial»—, esta adhesión consolida un rol de mayor protagonismo en la arquitectura de seguridad hemisférica, en momentos en que el crimen organizado transnacional se ha convertido en una de las principales amenazas que enfrentan los países de la región.
El propio Kast había insistido, en los días previos a formalizar esta adhesión, en que la iniciativa respeta plenamente la autonomía de cada Estado: «Siempre hemos señalado que cada país tiene sus legislaciones, su soberanía. Esto no interviene en la soberanía de los países, sino que apunta a una coordinación transversal de distintos países para enfrentar este nuevo flagelo, para el cual muchas de nuestras naciones no estaban preparadas».