Basado en la columna de Jaime Beltrán Besnier, publicada en BioBioChile, «El modus operandi de un moralmente superior».
Todo parte de un libro
El columnista Jaime Beltrán Besnier cuenta que empezó a escribir esto después de leer un libro sobre el expresidente Eduardo Frei Montalva. En ese libro aparece una frase que Frei dijo en 1972, cuando gobernaba Salvador Allende: «que la Unidad Popular decía respetar la ley, pero en el fondo la usaba como excusa mientras preparaba una dictadura». Beltrán toma esa frase como punto de partida para todo lo que viene después.
La comparación con Jackson
El autor da un salto de 50 años y dice que hoy pasa algo parecido con el Frente Amplio. Apunta directamente al exministro y diputado Giorgio Jackson, a quien describe como la persona que llevó a toda una generación de estudiantes que protestaban en la calle hasta ocupar cargos en el Congreso y en el propio gobierno. Recuerda que en 2022 Jackson dijo, en una entrevista, que su generación tenía valores distintos y menos conflictos de interés que los gobiernos anteriores. Para el autor, esa frase demuestra que las ideas de la Unidad Popular no desaparecieron, sino que se fueron pasando de una generación a otra hasta llegar a hoy.
Lo que dijo Camila Vallejo en 2012
La columna también recuerda algo que dijo la actual exministra Camila Vallejo en 2012: «que su partido nunca había descartado del todo la posibilidad de usar la violencia armada», aunque aclaró que en ese momento esa idea no estaba sobre la mesa. El autor usa esta frase para plantear que la izquierda solo estaría esperando el momento correcto, tal como advertía Frei Montalva hace medio siglo.
Los trucos que, según el autor, usa la izquierda
La parte central de la columna es una lista de tácticas que, según Beltrán, este sector político usaría una y otra vez para ganar debates sin necesariamente tener la razón. Por ejemplo: atacar a la persona en vez de discutir sus ideas; elegir solo un dato que les conviene e ignorar el resto; inventar una versión falsa y más débil del argumento del otro para poder derrotarla fácil; presentar solo dos opciones como si no existiera nada en el medio, como el ejemplo que da el autor de que «si no eres de izquierda, eres pinochetista»; decir que algo es cierto solo porque lo dijo alguien famoso o porque mucha gente lo cree; y confundir a propósito que dos cosas ocurran al mismo tiempo con que una sea la causa de la otra.
Por qué, según el autor, aprendieron a hacer esto
El columnista sostiene que esta generación creció en una época más fácil, sin las dificultades que enfrentaron generaciones anteriores, y que por eso se dedicó a construir su poder desde las universidades, que él describe como dominadas por ideas de izquierda. Mientras tanto, dice, el otro lado de la política se dedicó más al mundo de las empresas y la economía. Esa base en las universidades les habría servido para transformar a ciertas personas en referentes morales, cuyas palabras se toman como verdad solo por ser quienes son, sin revisar realmente si tienen la razón.
Un paseo por la historia: dos amnistías muy distintas
En un punto de la columna, el autor se aleja un poco del presente para hablar de historia. Cuenta que después de la Guerra Civil de 1891, el gobierno del presidente Jorge Montt perdonó los delitos políticos de ese conflicto a través de varias leyes de amnistía, entre 1891 y 1894. Después compara ese caso con el perdón que se dio en 1978 tras el golpe de Estado de 1973, el famoso Decreto Ley 2.191. La diferencia, explica, es que en este segundo caso los tribunales terminaron diciendo que ese perdón no aplicaba, porque los delitos investigados eran demasiado graves como para amnistiarlos. Para el autor, esa diferencia explica en parte por qué Chile logró sanar la herida de 1891, pero todavía no logra sanar la de 1973.
El llamado final
La columna termina con un mensaje dirigido a la gente del socialismo democrático y a los democratacristianos que siguieron a Frei Montalva, dejando fuera a quienes siguieron a Radomiro Tomic, porque —según el autor— esos últimos se sentirían más cómodos hoy con el Frente Amplio y el Partido Comunista. Su llamado final es a crecer como país, a respetarse mutuamente y a construir libertad, sin necesidad de vivir tiempos difíciles para, como él mismo dice, «formar hombres fuertes».