«El disfraz se le cayó»: columna acusa a Boric de volver a ser el mismo joven revolucionario de siempre

Según columna de opinión de Iris Boeninger, economista y ex embajadora de Chile en Uruguay, publicada en El Líbero.

El jueves 20 de agosto, en Montevideo, el ex Presidente Gabriel Boric participó en un conversatorio sobre el futuro de la izquierda, junto a una senadora uruguaya. Ahí dijo dos frases que llamaron la atención: que empeñarse en ser siempre moderado no sirve de mucho, y que si ser socialista significa querer que la salud sea un derecho y no un negocio, entonces él se declara socialista sin ningún problema. Agregó que no se va a disculpar por ser de izquierda y que se siente orgulloso de serlo.

Dos días después, en el mismo país, se realizó un encuentro de políticos progresistas de toda América Latina, con más de 150 legisladores de 15 países. La delegación chilena que asistió estuvo encabezada por tres figuras conocidas del actual Frente Amplio.

Una columna de opinión publicada este lunes en El Líbero analiza estas declaraciones y plantea una pregunta de fondo: ¿fue Boric siempre el mismo, o cambió de verdad cuando llegó a gobernar?

Un joven que llegó desde las protestas estudiantiles

La autora del texto hace un repaso de la historia política de Boric. Recuerda que, cuando ganó las elecciones internas de su sector en 2021, celebró diciendo que si Chile fue cuna de un modelo económico muy criticado por la izquierda, también sería el lugar donde ese modelo terminaría. Antes de eso, Boric había sido dirigente estudiantil en la Universidad de Chile, en la generación que protagonizó las grandes protestas estudiantiles de comienzos de la década de 2010.

Según la columna, fue recién en 2019, cuando firmó el acuerdo político que abrió el camino para escribir una nueva Constitución, que Boric empezó a mostrarse como alguien capaz de llegar a acuerdos dentro de las instituciones, y no solo desde la calle.

La etiqueta de «moderado» que nunca desmintió

Una vez en el gobierno, a Boric se le empezó a llamar socialdemócrata, es decir, alguien de izquierda pero moderado, que cree en cambios graduales dentro del sistema económico actual. La columna sostiene que esa etiqueta se la pusieron otros, no él mismo, pero que Boric la dejó circular y la usó para mostrarse como alguien confiable ante otros países y ante parte de los propios chilenos.

La autora recuerda que la politóloga belga Chantal Mouffe, poco después de que Boric asumiera, lo describió con una frase más precisa: no era simplemente socialdemócrata, sino socialdemócrata radical. Y explica que esa palabra, radical, no significa que sea alguien intenso, sino alguien que busca ir a la raíz de los problemas y cambiar las reglas del sistema, no solo mejorarlo.

Para explicar por qué esto importa, la columna hace un poco de historia. Cuenta que la socialdemocracia, tal como se conoce en Europa, nació precisamente quinientos kilómetros lejos de las ideas más radicales. A fines de los años cincuenta, el socialismo alemán decidió dejar atrás el marxismo y aceptar la economía de mercado, buscando un equilibrio entre competencia y planificación del Estado. Según la autora, ser socialdemócrata de verdad implica haber hecho tres renuncias: romper con el comunismo, aceptar la economía de mercado, y aceptar que perder una elección no da derecho a cambiar las reglas del juego. La pregunta que plantea la columna es simple: ¿cuál de esas tres cosas hizo realmente Boric?

Tres razones para dudar de la moderación

La columnista entrega tres argumentos concretos para sostener que la moderación de Boric fue más bien una estrategia para poder gobernar, y no un cambio real de convicciones.

La primera tiene que ver con la Constitución. La autora recuerda que Boric apoyó activamente la primera propuesta de nueva Constitución, la que fue rechazada en 2022, y que un grupo de economistas de distintos sectores políticos había calculado que ese texto implicaba un gasto adicional altísimo para el Estado, sin explicar de dónde saldría ese dinero. Ese texto fue rechazado por casi el 62% de los chilenos. Según la columna, Boric nunca hizo una autocrítica pública sobre el contenido de esa propuesta: reconoció errores de forma y de tiempos, pero nunca dijo abiertamente que el fondo de esa Constitución estuviera equivocado.

La segunda razón es la compañía política de Boric durante su gobierno. La columna reconoce que Boric marcó diferencias importantes con el Partido Comunista en varios temas internacionales, criticando a los gobiernos de Nicaragua, Venezuela y Cuba. Pero remarca que, pese a saber que ese partido mantiene en sus documentos oficiales una defensa del marxismo y cuestiona el sistema democrático tal como existe hoy, Boric lo mantuvo como uno de sus principales socios de gobierno durante los cuatro años completos de su mandato.

La tercera razón es lo que ocurrió dentro del propio Frente Amplio, el partido de Boric. La autora recuerda que a fines de junio de este año, tras varios meses de debate interno con miles de militantes, el partido realizó su primer congreso ideológico y se definió formalmente como un partido socialista que busca superar el sistema capitalista actual. Boric participó de ese proceso. Para la columnista, esto demuestra que, lejos de moderarse después de dejar el poder, el partido que él ayudó a fundar se volvió más radical que cuando llegó a gobernar.

Un episodio adicional: la violencia escolar

La columna menciona también un episodio que, según la autora, resulta contradictorio: el mismo Boric que llegó al poder desde el movimiento estudiantil dejó, al final de su gobierno, al Instituto Nacional —uno de los colegios más emblemáticos del país— con clases suspendidas por amenazas de violencia. La autora recuerda que el propio ministro de Educación de ese gobierno reconoció en febrero que la principal dificultad de los liceos emblemáticos había sido la violencia, y que el programa «Aula Segura», pensado para enfrentar ese problema, no logró mejorar la convivencia dentro de esos colegios.

La conclusión de la columna

Para la autora, no hubo ningún cambio real en Montevideo. A sus 40 años, Boric seguiría siendo la misma persona que era a los 25, y la moderación que mostró como Presidente habría sido simplemente el precio que aceptó pagar para poder gobernar, no una transformación genuina de sus ideas. La columnista concluye que Boric probablemente seguirá teniendo un rol importante en la política de la izquierda latinoamericana en los próximos años, pero que sus declaraciones en Uruguay servirán como referencia obligada cada vez que vuelva a hablar de moderación y de acuerdos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *