«Pánico en la extrema izquierda»: la columna que advierte sobre la reacción del PC ante el avance del Gobierno de Kast

Basado en la columna de Orlando Sáenz Rojas, publicada en BioBioChile, el 12 de agosto de 2026

Un gobierno que avanza y una reacción que se intensifica

El escritor y empresario Orlando Sáenz Rojas plantea en una columna de opinión publicada en BioBioChile que, a cinco meses de haber asumido, el Gobierno de José Antonio Kast ha logrado poner en marcha varios de sus principales proyectos y avanzar en su aprobación dentro del Congreso. Según el autor, la perspectiva de que el Mandatario continúe cumpliendo sus promesas electorales estaría generando una reacción cada vez más fuerte en la oposición de izquierda, en particular en sus sectores más radicales, encabezados por el Partido Comunista, que —sostiene la columna— ya habría comenzado a movilizar a sus organizaciones sociales y políticas, mencionando específicamente a agrupaciones como la FECH y la CUT.

El llamado central: firmeza frente a la violencia, no frente a la protesta

El eje del análisis de Sáenz Rojas es un llamado a que el Presidente Kast esté preparado para actuar con firmeza institucional ante cualquier intento de alterar el orden público, recurriendo, si las circunstancias lo requieren, a las facultades que la Constitución y las leyes contemplan. El autor es explícito en delimitar el alcance de ese llamado: no se trata de impedir manifestaciones legítimas, sino de responder con energía únicamente frente a quienes utilicen la violencia como herramienta política. Según plantea, una democracia debe proteger simultáneamente dos derechos: el de disentir públicamente —ya sea por escrito, de palabra, en medios o mediante una concentración pacífica— y el de los ciudadanos a vivir en paz, sin que la destrucción de bienes o la agresión a personas se confunda con el ejercicio legítimo de la protesta.

La crítica al Partido Comunista: modelos que no se actualizaron

Uno de los pasajes más directos de la columna apunta a lo que el autor describe como una relación difícil de comprender entre el Partido Comunista chileno y ciertas experiencias políticas del pasado, particularmente la persistente admiración hacia la revolución cubana y la figura de Fidel Castro. Sáenz Rojas invita a observar las condiciones actuales de Cuba como argumento para una reflexión más crítica sobre ese modelo, y contrasta ese caso con la evolución de China, que —recuerda— abandonó buena parte de las fórmulas económicas del comunismo tradicional para adoptar un sistema que combina un régimen de partido único con una economía abierta al mercado. Para el autor, esa misma historia reciente demuestra que ningún modelo político o económico permanece congelado en el tiempo, y plantea que algunos sectores de la izquierda chilena no habrían extraído todas las conclusiones de esas transformaciones.

Un derecho que no es privilegio de nadie

La columna insiste en que la posibilidad de manifestarse es un derecho democrático, no el privilegio de una corriente política determinada, y que el Estado debe actuar conforme a la ley frente a cualquier organización que llame a la violencia, independientemente de su ideología. En esa línea, advierte que una izquierda que optara por ese camino correría el riesgo de aislarse del resto de la centroizquierda, en la medida en que los sectores democráticos que participan de la vida institucional difícilmente querrían acompañar estrategias de agitación permanente.

Una advertencia histórica, con ejemplos de ambos signos

Uno de los elementos más matizados del texto es su llamado a la cautela histórica. El autor advierte sobre los peligros que surgen cuando la confrontación política sustituye al diálogo y al respeto institucional, y es explícito en señalar que la defensa del orden democrático no debe transformarse en persecución política. Para ilustrar ese riesgo, cita dos episodios de distinto signo político en la historia de Chile: el campo de prisioneros de Pisagua durante el gobierno de Gabriel González Videla, y —en una escala y contexto que el propio autor distingue como completamente diferentes— la represión ejercida por la DINA durante el régimen militar.

La propuesta de fondo: reglas claras para todos los partidos

La columna concluye con una propuesta concreta: una reforma política que establezca reglas claras para todos los partidos que aspiren a participar en la institucionalidad democrática, exigiendo un compromiso inequívoco con la democracia, el Estado de Derecho y el rechazo a la violencia como instrumento de acción política. El autor plantea, además, que esa misma reforma debería abordar la calidad de la representación parlamentaria, subrayando que no basta con ser elegido para legislar correctamente, sino que el país necesita representantes preparados y capaces de anteponer el interés nacional a las conveniencias partidistas.

El cierre: libertad y orden como objetivos simultáneos

Sáenz Rojas cierra su columna con una definición de lo que, a su juicio, fortalece a una democracia: la existencia de partidos que aceptan sus reglas, la resolución de diferencias mediante el diálogo, y un Estado capaz de garantizar al mismo tiempo la libertad y el orden. Según el autor, esas son las metas hacia las que debería dirigirse el Gobierno de Kast en lo que resta de su mandato, que a la fecha de publicación de la columna todavía no cumplía medio año.

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