Boric dijo que culpar a otros no construye nada. Pero tres años de metas fiscales incumplidas y un déficit de 3,6% no se arreglan en siete meses, y los números llevan firma.
“Andar echándole la culpa a otro no construye nada.” Con esa frase, y con la imagen del empedrado al que, según dijo, la gente está cansada de que se le eche la culpa, el expresidente Gabriel Boric respondió este jueves al biministro Daniel Mas por la caída del Fondo E, a la salida de su reunión con Michelle Bachelet y los partidos de oposición. La frase suena a sentido común, pero es cómoda: sirve para cualquier problema, no obliga a explicar ninguno y le queda mejor a un delegado de curso que a quien presidió la República durante cuatro años.
Piense en una casa con una gotera. El nuevo arrendatario llega, ve la mancha en el techo y dice que el anterior no la arregló; el anterior responde que culpar a otro no construye nada. Puede ser cierto, pero la gotera sigue ahí y una casa no se repara en siete meses. El techo fiscal tiene cifras: el gobierno de Boric se fijó para 2025 una meta de déficit estructural de 1,1% del PIB y cerró en 3,6%, unos US$13.200 millones. Fue el tercer año seguido en que incumplió su propia meta, y el Consejo Fiscal Autónomo (CFA) lo calificó de inusualmente alto para un año sin crisis. El balance efectivo pasó de +1,1% del PIB en el 2022 a −2,8% en 2025.
Ahora piense en una familia que gasta contando con un bono que nunca llega. Eso es lo que el CFA describe como “errores reiterados y significativos” en la proyección de ingresos. En 2025 la recaudación quedó cerca de 2% del PIB, unos US$7.000 millones, bajo lo presupuestado. Cuando el bono no llega, lo prudente es ajustar el gasto, y según el CFA el ajuste fue insuficiente y el gasto superó incluso lo que el propio Ejecutivo se había comprometido a recortar. En suma, la Cámara rechazó en marzo de 2023 la reforma tributaria que buscaba recaudar 3,6% del PIB en cuatro años, y sin ella el financiamiento previsto no apareció. Ese argumento juega en contra de Boric: si el dinero no iba a llegar, la pregunta no es por qué no pasó la reforma, sino por qué el gasto siguió su curso como si hubiera pasado.
Lo que no se paga con ingresos se paga con deuda, y la deuda es como una tarjeta de crédito: sirve hoy y se cobra mañana. La del Gobierno Central subió de 36,4% del PIB en 2021 a 41,7% en 2025. Es cierto que en 2025 dejó de crecer, pero el Consejo Fiscal Autónomo advierte que fue por factores que pueden revertirse, como un dólar más barato, y no porque se hayan ordenado las cuentas. Además, toda tarjeta cobra intereses: en 2025 el Estado pagó US$4.616 millones, un 1,2% del PIB y 7,1% más que el año anterior. Plata que no se puede usar en otra cosa.
El Fondo E merece un párrafo aparte, porque ahí el debate es más fino. Desde el oficialismo y sectores afines se sostiene que las regulaciones y los acuerdos previsionales del período anterior terminaron afectando al mercado de capitales de largo plazo. Lo que hoy puede documentarse es más acotado, y no por eso menos relevante. El fondo acumula una caída real de 10,4% entre enero y septiembre y, según un cálculo de Señal DF, cerca del 80% de la caída nominal se explica por las posiciones de las AFP en swaps de tasas, apuestas a que las tasas largas de Estados Unidos bajarían, cuando subieron. Esas posiciones vienen creciendo desde hace más de una década por lo que debemos preguntarnos quién actuó cuando sonaron las alarmas. Sonaron en 2024 y en enero de 2025, con Boric en La Moneda, según relató el superintendente Joaquín Cortez, cuando el regulador advirtió a las AFP y exigió a sus directorios modificar las políticas de inversión, y de nuevo en el informe del Banco Central del segundo semestre de 2025. Que la reforma previsional de 2025 haya tenido algo que ver con la caída está por demostrarse, porque al aprobarse los analistas anticipaban un efecto positivo en el mercado de capitales. Y es cierto que la caída ocurrió este año, con este gobierno en funciones, y que al ministro Mas le corresponde precisar cuáles fueron esas decisiones que dice haber corregido.
El empedrado no firma decretos, no proyecta ingresos ni fija metas fiscales. Eso lo hacen los gobiernos, y esas cifras llevan firma. Hacerse cargo no es una consigna: es mostrar las cuentas, y las cuentas que dejó el gobierno de Boric son las que hoy se están ordenando.