«UN ESTADO MÁS MODERNO EMPIEZA POR DAR EL EJEMPLO»: KAST ANUNCIA LA FUSIÓN DE INTERIOR Y SEGEGOB Y UNA COMISIÓN PARA REDUCIR MINISTERIOS EN LA REFORMA MÁS AMBICIOSA DEL APARATO PÚBLICO EN DÉCADAS

25 ministerios. Funciones duplicadas. Concursos que tardan años. Cargos vacíos durante meses. Un Sistema de Alta Dirección Pública que ya cumplió 20 años sin haber sido modernizado. Kast lo vio, lo dijo en la Cuenta Pública y presentó una hoja de ruta para cambiarlo. El Estado chileno entra en modo reforma.

Hay una frase que Kast pronunció ayer en el Congreso y que debería quedar grabada en la memoria de cada funcionario público del país: «No podemos pedir austeridad y eficiencia a las familias chilenas si el propio Estado no es capaz de ordenarse a sí mismo.»

No es un reproche abstracto. Es el diagnóstico que sustenta el anuncio estructuralmente más importante de toda la Cuenta Pública: la reforma del aparato del Estado chileno. Con fusión de ministerios, comisión de expertos y modernización del Sistema de Alta Dirección Pública incluidos.

El primer paso: la fusión de Interior y Segegob

El anuncio más concreto e inmediato llegó primero. En las próximas semanas se presentará un proyecto de ley para avanzar hacia la fusión institucional del Ministerio del Interior y el Ministerio Secretaría General de Gobierno en una sola estructura orgánica.

La medida no es una sorpresa total. Esta iniciativa ya había sido planteada por parlamentarios del oficialismo. La UDI, por ejemplo, instó al Presidente José Antonio Kast a anunciar una reforma durante la Cuenta Pública. Pero que el Presidente la hiciera propia en su primer discurso ante el Congreso le da una dimensión política diferente: ya no es una propuesta parlamentaria. Es una prioridad del Ejecutivo con proyecto de ley en camino.

El contexto inmediato hace que la fusión sea también lógica operativamente. Desde el cambio de gabinete del 19 de mayo, el biministro Claudio Alvarado conduce simultáneamente ambas carteras. Lo que hasta ahora era una situación excepcional de emergencia política, el gobierno la convierte en la nueva arquitectura permanente. Un solo ministerio, una sola cadena de mando, un solo presupuesto. Sin duplicaciones. Sin reuniones entre carteras que hacen lo mismo.

El paso mayor: la Comisión de Expertos para rediseñar todo el Estado

Pero la fusión Interior-Segegob es solo el primer movimiento. El anuncio más ambicioso de todos es el que viene después.

Kast anunció que convocará a una Comisión de Expertos con el mandato de proponer una nueva arquitectura del Estado: «Una estructura ministerial más racional, que reduzca el número de carteras, elimine las superposiciones de funciones y reasigne los recursos. A partir de sus propuestas, enviaremos al Congreso para su debate las iniciativas que en el tiempo permitan concretar una reducción real y ordenada de ministerios.»

El lenguaje es preciso y tiene tres componentes que vale la pena desagregar:

«Reducir el número de carteras»: Chile tiene hoy 25 ministerios. La UDI había propuesto bajar de 25 a 19, argumentando que «hay ministerios con funciones similares y que este es el minuto para impulsar una modernización.» La comisión tendrá el mandato de evaluar cuáles fusionar, cuáles eliminar y cuáles mantener.

«Eliminar superposiciones de funciones»: Este es quizás el problema más costoso del Estado chileno actual. Hay ministerios que gastan recursos en coordinar con otros ministerios para hacer cosas que ambos podrían hacer directamente. Hay programas sociales que se replican entre carteras sin que ninguna lo sepa. Hay funcionarios que llenan formularios para otras reparticiones que llenan los mismos formularios. El costo de esa burocracia duplicada no se mide en millones sino en miles de millones de pesos al año.

«Reasignar los recursos»: Una vez identificadas las duplicaciones y las fusiones posibles, los recursos liberados no desaparecen. Se redirigen hacia donde generan mayor impacto. Más plata para hospitales y menos para coordinaciones inter-ministeriales que no le sirven a nadie.

El Sistema de Alta Dirección Pública: 20 años sin modernizarse

El tercer eje del anuncio es el que más impacto tiene en el funcionamiento cotidiano del Estado, aunque el menos visible desde afuera.

Kast reflexionó: «A casi 20 años de su creación, el Sistema de Alta Dirección Pública es la herramienta con que cuenta el Estado para que sus cargos directivos se llenen por mérito y no por cuoteo político.» El Presidente valoró ese principio y dijo querer protegerlo. Sin embargo, sostuvo que «el sistema, tal como funciona hoy, no responde con la agilidad que el país necesita. Los concursos toman demasiado tiempo, las vacantes se acumulan, los cargos quedan por largos períodos en manos de suplencias y, en la práctica, se ha ido debilitando.»

El diagnóstico es preciso y verificable. Cualquier director de servicio público en Chile puede contarlo de primera mano: cuando un cargo directivo queda vacante, el proceso de licitación del ADP puede tardar un año o más. Durante ese tiempo, el cargo queda en manos de un suplente que no tiene ni la legitimidad ni las herramientas para tomar decisiones de largo plazo. Los proyectos se frenan. Los equipos se desorientan. Y el servicio que debería llegar al ciudadano se deteriora.

El gobierno anunció que evaluará y modernizará el ADP en su conjunto, con el objetivo de hacer los concursos más ágiles, reducir los tiempos de vacancia y fortalecer el principio de mérito que el sistema prometía al crearse en 2003.

El ahorro que nadie calcula: cuánto cuesta el Estado inflado

Para entender por qué esta reforma importa más allá del debate político, hay que ponerla en números. Chile gasta cada año una fracción enorme de su presupuesto en el propio aparato del Estado. En sueldos directivos, en coordinaciones inter-ministeriales, en sistemas de información duplicados y en programas que dos o tres ministerios distintos implementan en paralelo sin saberlo.

No hay una cifra oficial del costo total de las duplicaciones porque nadie se había propuesto medirlo sistemáticamente. Eso cambiará con la comisión anunciada ayer. Y cuando esa cifra esté disponible, es probable que sorprenda incluso a quienes más critican el gasto público.

Por otra parte, se acelerará la institucionalización de la auditoría interna, otorgándole mayores facultades y financiamiento para colaborar con la Contraloría General de la República en la protección de los recursos públicos. La medida complementa la reforma estructural con un mecanismo de control permanente: no solo se reorganiza el Estado, sino que se refuerza quien lo vigila.

Lo que dijo Kast: la frase que lo resume todo

«Un Estado más moderno empieza por dar el ejemplo. No podemos pedir austeridad y eficiencia a las familias chilenas si el propio Estado no es capaz de ordenarse a sí mismo.»

La frase importa porque tiene dos partes. La primera es el principio: el Estado debe ser el primero en practicar lo que predica. La segunda es la consecuencia: si le pedimos a las familias que ajusten su presupuesto en un contexto de déficit fiscal heredado y alzas de precios, el Estado tiene la obligación moral de hacer lo mismo.

Un gobierno que predica austeridad y mantiene 25 ministerios con funciones duplicadas pierde credibilidad. Un gobierno que predica austeridad y fusiona carteras, convoca expertos para reducirlas y moderniza el sistema de concursos directivos, gana autoridad para pedir ese esfuerzo.

Lo que viene: el calendario de la reforma

El proyecto de ley para fusionar Interior y Segegob llegará al Congreso en las próximas semanas. La comisión de expertos se convocará en paralelo y tendrá un mandato específico: proponer la nueva arquitectura ministerial del Estado chileno.

Los plazos para la comisión no fueron definidos ayer, pero la lógica indica que sus recomendaciones deberían estar disponibles antes de fin de año para que el gobierno pueda enviar los proyectos de ley correspondientes al Congreso durante 2027.

Chile lleva décadas discutiendo si el Estado es demasiado grande, demasiado ineficiente o demasiado caro. Por primera vez en mucho tiempo, hay un gobierno que no solo lo discute sino que presenta un plan concreto para cambiarlo.

La reforma empieza con dos ministerios que se convierten en uno. El destino final es un Estado más pequeño, más ágil y más útil para los chilenos que lo financian con sus impuestos.

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