Inspirado en la columna «¿Cuál Gabriel Boric critica al gobierno?», de Jaime Jankelevich, publicada en El Líbero.
Hay algo revelador en la forma en que Gabriel Boric reapareció en la contingencia política chilena. No fue con una propuesta. No fue con un análisis de lo que su gobierno hizo bien o mal. Fue con un tuit de indignación sobre los embargos del CAE, mezclando ese tema con el del secreto bancario, dos asuntos que no tienen ninguna relación entre sí.
El analista Jaime Jankelevich lo describe con una pregunta que tiene su propia respuesta implícita: ¿cuánto aprendió Boric «habitando el cargo»? Porque lo que vimos esta semana, dice el columnista, recuerda más al diputado Boric y al líder universitario que quería refundar todo, que al expresidente que debió enfrentar la realidad del poder durante cuatro años.
La crítica que se cae sola: Boric contra una ley que él mismo promulgó
El argumento central de la columna de Jankelevich no es ideológico. Es aritmético. Y es devastador.
Boric criticó esta semana los embargos que la Tesorería General de la República está ejecutando sobre deudores morosos del CAE. Los calificó de «vaciamiento intempestivo» de cuentas bancarias y convocó a «las fuerzas progresistas» a levantar la voz contra ellos.
El problema, como documenta Jankelevich con precisión, es que la atribución de la TGR para decretar esos embargos proviene de la Ley N°21.713, conocida como la Ley de Cumplimiento Tributario. Esa ley fue ingresada en 2023, promulgada y publicada en el Diario Oficial el 24 de octubre de 2024. Durante el gobierno de Boric. Con la firma de Boric.
La misma ley que Boric firmó es la que habilita los embargos que Boric critica. No es una interpretación. Es el texto de la norma.
El biministro Alvarado lo resumió con sencillez aplastante: si Boric no cumplió con condonar el CAE, no es problema de este Gobierno. Y le pidió al expresidente que «no mezcle situaciones.»
Los números que Boric tampoco menciona
Jankelevich aporta cifras que hacen aún más difícil sostener el relato del expresidente. Un estudio de Acción Educar demuestra que durante su gobierno, los egresados del CAE con garantía ejecutada pasaron de 163.000 personas en diciembre de 2021 a 423.000 en diciembre de 2025.
La explicación de ese salto es la que el propio columnista señala sin eufemismos: la promesa de condonación que Boric hizo en campaña generó el incentivo perfecto para dejar de pagar. ¿Para qué pagar si te van a condonar la deuda?
Cuatro años después, la deuda no fue condonada. Los morosos son 693.710 y un 85,6% de ellos tiene la garantía ejecutada o está en proceso de aceleración del crédito. El Estado asumió esas deudas como aval y ahora la TGR las cobra. Es exactamente lo que debe hacer.
Y los que están siendo embargados no son los más vulnerables del sistema. Son más de 1.500 personas que ganan entre $3,5 y $5 millones mensuales. Profesionales que estudiaron con plata del Estado, obtuvieron su título, encontraron trabajo bien remunerado y no están pagando lo que deben.
El secreto bancario: el poder que la izquierda realmente quiere
La columna de Jankelevich hace una observación que va más allá de la coyuntura del CAE. Boric no solo criticó los embargos. También criticó que el gobierno no habilitara el levantamiento del secreto bancario sin autorización judicial.
El columnista identifica con claridad por qué eso importa: si cualquier funcionario público pudiera examinar cuentas bancarias sin orden de un juez, el Estado tendría acceso irrestricto a la vida financiera de cada chileno. Sabría con quién te asocias, a qué causas contribuyes, cómo financias tu vida. El poder que eso le daría a un gobierno sobre sus adversarios, sus donantes, sus críticos, es inconmensurable.
La propia Operación Tokio demostró que el crimen organizado ya infiltró la banca chilena, lavando más de $75.000 millones y sacando US$85 millones al extranjero. Si el acceso a las cuentas bancarias se vuelve más fácil para el Estado, se vuelve más fácil también para quienes corrompen al Estado.
El vacío que Boric intenta llenar: la oposición sin liderazgo
Más allá de los argumentos concretos, hay un trasfondo político que varios analistas identificaron esta semana y que explica por qué Boric reapareció precisamente ahora.
El diputado Marcos Ilabaca del PS lo reconoció abiertamente: «Como oposición tenemos un déficit, no hemos sido capaces de coordinarnos y trabajar de manera coordinada y claramente, cuando existen vacíos de poder, estos son ocupados. Hoy el expresidente Gabriel Boric está utilizando un espacio que se encuentra vacío.»
Otros interpretan sus intervenciones como señal de que busca mantenerse vigente dentro de la izquierda y preservar una eventual opción presidencial hacia el futuro.
Boric no regresó a la contingencia porque tuviera una propuesta nueva sobre el CAE. Regresó porque la oposición chilena está huérfana de liderazgo y alguien necesita llenar ese espacio. Y él, con el peso de haber sido presidente, es el candidato natural para hacerlo.
El problema, como señala Jankelevich, es que el Boric que reapareció no suena a expresidente. Suena al diputado que fue antes de llegar al poder. Al líder universitario que prometía refundarlo todo. Al candidato que decía que condonaría el CAE sabiendo, o debiendo saber, que eso no era posible.
Cuatro años en La Moneda no parecen haber moderado el discurso ni afinado el análisis. Solo cambiaron el lado desde el que habla.
Lo que la columna de Jankelevich deja para reflexionar
Hay una pregunta de fondo que el análisis de Jankelevich instala y que Chile debería hacerse antes de que Boric consolide su regreso a la primera línea política: ¿qué aprendió el expresidente de su paso por el gobierno?
Si lo que aprendió fue que las promesas de campaña tienen consecuencias reales, que la condonación del CAE era inviable, que el secreto bancario sin control judicial es un riesgo para las libertades individuales y que las finanzas públicas no se pueden manejar con ideología sino con rigor, entonces su regreso podría ser útil para Chile.
Si lo que aprendió fue a ser más efectivo en el discurso de campaña sin haber procesado las lecciones del gobierno, entonces estamos ante el inicio de un ciclo que ya conocemos: promesas imposibles, expectativas disparadas y ciudadanos que dejan de pagar sus deudas porque alguien les dijo que no tendrían que hacerlo.
El Boric de esta semana sugiere, lamentablemente, que la segunda opción es la más probable.