La siguiente nota está basada en la columna «La gran estafa», publicada por Juan José Santa Cruz en El Dínamo el 28 de julio de 2026.
Camila Vallejo reapareció esta semana en un podcast. La exvocera del gobierno de Gabriel Boric llegó con diagnóstico propio y una palabra cargada de significado jurídico y moral: el gobierno de Kast, dijo, está cometiendo «una gran estafa». La prueba, según ella, sería que en menos de cinco meses no ha resuelto la crisis de seguridad que acecha al país.
La subsecretaria de Prevención del Delito, María del Pilar Giannini, respondió hoy sin rodeos: las críticas de Vallejo son «poco serias y no tienen evidencia», y la funcionaria destacó que en la actual administración «se está notando de a poco que la seguridad va mejorando».
Pero es Juan José Santa Cruz, en su columna de este martes en El Dínamo, quien hace la pregunta más incómoda — la que nadie en el podcast pareció interesado en formular.
«Estafa supone engaño deliberado»
El columnista parte por el diccionario. Usar la palabra «estafa» no es un recurso retórico neutro. Estafa supone engaño deliberado — una promesa hecha sabiendo que no se cumplirá. Y esa definición, aplicada con el mismo rasero a los últimos cinco años de política chilena, produce un resultado que Vallejo preferiría no leer.
Lo primero que Santa Cruz señala es el sinsentido argumental de exigirle a un gobierno de cinco meses que haya resuelto una crisis de seguridad que lleva años construyéndose. Omitir ese contexto, dice el columnista, «no es un error de cálculo: es la forma más burda de argumentar cuando los hechos no ayudan».
El prontuario que nadie le preguntó
Pero el núcleo de la columna no es la defensa de Kast. Es el listado de promesas del gobierno de Boric — el gobierno que Vallejo integró como uno de sus rostros públicos más notorios — que se fueron quebrando una por una mientras ella salía a defenderlas ante la prensa.
La primera: la condonación universal del CAE. Boric la prometió como bandera de campaña. No se condonó nada parecido a universal. Vallejo lo explicó, lo justificó y lo defendió.
La segunda: el rechazo al TPP-11. Boric prometió que Chile no lo ratificaría. Terminó dejando que el Senado lo aprobara sin ejercer ninguna de las herramientas reglamentarias a su disposición para detenerlo. Luego, incluso lo aplaudió. Vallejo lo explicó, lo justificó y lo defendió.
La tercera: la Empresa Nacional del Litio. Boric prometió que el Estado recuperaría el control de un recurso estratégico. Lo que entregó fue un acuerdo con Codelco y SQM — empresa vinculada a la familia Ponce Lerou — en una posición privilegiada. Vallejo lo explicó, lo justificó y lo defendió.
La cuarta: la refundación de Carabineros. Boric la prometió como bandera durante años de movilizaciones y campaña. Terminó gobernando con la institución prácticamente intacta, sin la reforma estructural anunciada. Vallejo lo explicó, lo justificó y lo defendió.
Las acusaciones falsas a Carabineros que nunca reconoció
Hasta aquí el balance de promesas. Pero la columna añade otro capítulo que tiene relación directa con el tema que Vallejo eligió para atacar a Kast: la seguridad. Porque la exvocera no solo gobernó con una agenda de seguridad que no produjo los resultados prometidos — también fue protagonista de episodios que debilitaron políticamente a la institución encargada de proveerla.
Como diputada, su bancada se sumó a la querella por homicidio frustrado contra el carabinero Sebastián Zamora, acusado de arrojar a un adolescente desde el puente Pío Nono. Los tribunales absolvieron al funcionario por unanimidad en 2024 — fallo confirmado por la Corte de Apelaciones. Vallejo nunca ofreció disculpas.
En 2021, acusó de asesinato al sargento Juan González, después de que este abatiera a un malabarista que se le abalanzó con machetes en Panguipulli. Nunca ofreció disculpas.
Y su sector fue el que denunció, sin pruebas que resistieran el tiempo, la existencia de un centro de tortura de Carabineros en el Metro de Santiago. Tampoco hubo disculpas.
«¿Se puede, entonces, con ese récord, apuntar al del frente y cuestionarlo por el manejo de la seguridad cuando hiciste todo lo que estuvo a tu alcance por menoscabar a la institución responsable de esa tarea?», escribe Santa Cruz.
La ironía que el podcast no quiso ver
La columna cierra con la observación más exacta: Vallejo sabe perfectamente cuáles son las verdaderas grandes estafas de los últimos años. Las conoce desde adentro. Participó de ellas como vocera. Las defendió con nombre y apellido ante las cámaras. Y elige no mencionarlas cuando un micrófono la invita a hablar de estafas ajenas.
Eso, dice Santa Cruz sin decirlo explícitamente, es exactamente lo que define a la política del espejo: acusar al otro de lo que uno mismo hizo — sabiendo, además, que nadie en la sala tendrá la incomodidad de señalarlo.