El sábado 18 de julio, a las 14:34 horas, Carabineros de Chile confirmó lo que los médicos del Hospital Base de Valdivia ya sabían desde el miércoles: el cabo primero Marcos Javier Cosme Barquero no iba a sobrevivir. La bala que Carlos Esteban Cancino Tapia, alias «El Rana», le disparó en el rostro durante su captura había causado un traumatismo encéfalocraneano severo que ninguna intervención neuroquirúrgica pudo revertir. Cosme tenía 32 años, 13 años y cinco meses de servicio en Carabineros, estaba casado con una funcionaria de la institución y no tenía hijos. Era integrante del GOPE de La Araucanía — la unidad de operaciones especiales que Chile destina a los procedimientos más peligrosos del país.
El Presidente Kast reaccionó en X con palabras que no dejaron espacio para la ambigüedad: «Tenía apenas 32 años. Fue asesinado cobardemente por un prófugo de la justicia que hasta ahora había vivido en completa impunidad». El Ministerio del Interior decretó tres días de duelo nacional, los mismos que Chile vivió este fin de semana entre el 18 y el 20 de julio.
Quién era Marcos Cosme
Marcos Javier Cosme Barquero ingresó a Carabineros a los 18 o 19 años. Lo que siguió fue una carrera dedicada de más de 13 años al servicio policial en una de las zonas más complejas y peligrosas del país: La Araucanía. Llegó al GOPE — el Grupo de Operaciones Policiales Especiales, la unidad de elite que atiende los procedimientos de mayor riesgo — por mérito propio, en una institución donde esa distinción no se regala. Estaba casado con una colega de la institución. No había sido padre aún.
El miércoles 16, recibió la orden de participar en el operativo que llevaba meses siendo preparado: la captura de Carlos Cancino Tapia, el último fugitivo del caso Nain, prófugo desde octubre de 2020. La misión era de alto riesgo, ya que todos en el operativo sabían que Cancino era peligroso. Lo que nadie podía anticipar con precisión era que abriría fuego directamente sobre los funcionarios en el momento de ser detenido. La bala lo encontró en el rostro.
En Temuco, mientras Cosme agonizaba en Valdivia, se realizó una velatón en el cuartel del GOPE de La Araucanía para pedir por su vida. Entre los presentes estaba Dayan Pereira, la viuda del suboficial Eugenio Naín — el carabinero que «El Rana» había asesinado seis años antes y cuyo caso motivó el operativo en que murió Cosme.
El perfil del asesino: seis años prófugo tras matar a un carabinero
Carlos Esteban Cancino Tapia, alias «El Rana», no es un delincuente común. Es el hombre sindicado como el autor material del homicidio del cabo segundo Eugenio Naín, perpetrado el 30 de octubre de 2020 en la Ruta 5, a la altura de Metrenco, en La Araucanía. Esa noche, Naín llegó en una patrulla ante el aviso de un bloqueo con neumáticos ardiendo. Tenía 24 años, era padre de dos hijos y su hermano también era carabinero. Recibió un disparo en la espalda. Murió.
El Rana logró escapar y permaneció prófugo durante seis años. Durante ese tiempo vivió protegido y encubierto en la zona rural de Valdivia, en la Región de Los Ríos. Nadie lo encontró — o nadie quiso encontrarlo. Kast lo señaló directamente: «Todos los que lo protegieron y encubrieron se harán responsables». Es una promesa que la Fiscalía deberá operacionalizar en los próximos meses.
Cancino Tapia tiene vínculos con el grupo Weichan Auka Mapu (WAM), una organización terrorista que ha reivindicado múltiples ataques incendiarios en La Araucanía bajo el argumento de luchar por un territorio mapuche autónomo mediante la vía armada, y que ha tenido a varios de sus integrantes condenados por la justicia chilena. Cuando el GOPE llegó al sector Las Minas de Punucapa el miércoles 16, «El Rana» no se entregó, disparó. Hirió a dos carabineros. Uno sobrevivió. El otro no.
Lo que el INDH hizo mientras Cosme agonizaba
Aquí entra el episodio que más incomoda de toda esta historia. Mientras el cabo Marcos Cosme estaba bajo ventilación mecánica y sedación permanente en el Hospital Base de Valdivia, debatiéndose entre la vida y la muerte desde el miércoles hasta el sábado, el Instituto Nacional de Derechos Humanos visitó el centro de detención para ver a Carlos Cancino Tapia.
La jefa regional del INDH en Los Ríos, Constanza Montt, lo confirmó sin rodeos. Aclaró que no pudieron entrevistar al imputado porque «no puede hablar» — Cancino Tapia resultó con lesiones durante el procedimiento de captura. Pero la visita ocurrió.
El mismo INDH que esta semana declaró ante la Comisión de Seguridad de la Cámara que sancionar los rayados en paredes ajenas «criminaliza la expresión artística». El mismo INDH que cuestionó la Ley de Presunción de Legítima Defensa — que lleva el nombre del suboficial Eugenio Naín, el primer carabinero que «El Rana» asesinó — calificándola como «uno de los atentados más relevantes contra el cumplimiento del mandato del INDH». El mismo INDH que le cuesta a Chile el equivalente a media Teletón al año, US$17 millones, financiando los sueldos de 300 funcionarios.
Ese organismo fue a ver al asesino mientras la víctima agonizaba.
La promesa de Kast y lo que viene
El Presidente comprometió dos cosas ante la muerte del cabo Cosme. La primera es que «El Rana» pasará el resto de su vida en la cárcel. La segunda es que todos los que lo encubrieron durante seis años de fuga deberán hacerse responsables. La Fiscalía de Los Ríos tiene ahora la tarea de construir ese caso.
Lo que Marcos Cosme dejó es la vida que había construido en 13 años de servicio. Su viuda carabinera. El GOPE de La Araucanía, que hoy tiene un compañero menos. Y la pregunta que Chile debería hacerse con honestidad: ¿cómo el hombre que mató a Eugenio Naín en 2020 pudo estar libre durante seis años para matar a Marcos Cosme en 2026?