El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó esta mañana que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de julio registró una variación mensual de apenas 0,1%, una cifra que estuvo incluso levemente por debajo de lo previsto por el mercado, que apuntaba a un alza de 0,2% según la Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central. Con este resultado, la inflación acumulada en lo que va de 2026 llega a 2,9%, mientras que la variación a doce meses se modera a 3,5%, bajando de forma significativa desde el 4,3% registrado en junio.
Por qué esta cifra importa: se acerca la meta del Banco Central
El dato cobra especial relevancia porque acerca la inflación al objetivo que persigue el Banco Central: una meta de 3% anual, con un rango de tolerancia de entre 2% y 4%. Tras meses en que la inflación se mantuvo por sobre ese rango central, la desaceleración de julio —de 4,3% a 3,5% en apenas un mes— constituye una de las señales más claras de que el proceso de convergencia hacia la meta está avanzando con más fuerza de la anticipada.
Qué subió y qué bajó: el detalle de la canasta
Según el desglose entregado por el INE, diez de las trece divisiones que componen la canasta del IPC registraron incidencias positivas durante julio, dos presentaron bajas y una se mantuvo sin variación. Los mayores aumentos se registraron en alimentos y bebidas no alcohólicas, que subieron 0,7% —con las hortalizas, legumbres y tubérculos como principal impulsor, con un alza de 2,6%—, y en vivienda y servicios básicos, también con un incremento de 0,7%, explicado principalmente por el reajuste tarifario de electricidad correspondiente al segundo semestre.
El gran contrapeso vino por el lado del transporte, división que registró una caída de 3,5% durante el mes, la más pronunciada de toda la canasta, impulsada por la baja en los precios de la gasolina y el diésel. Esa caída fue la que permitió contener el alza general del índice, compensando buena parte de las presiones al alza provenientes de alimentos y vivienda.
Un segundo dato positivo en pocos días
La publicación del IPC de julio llega apenas días después de que el Banco Central confirmara que el Imacec de junio creció 2,4% —tras cinco meses consecutivos de caídas—, resultado que permitió a la economía chilena esquivar por un margen mínimo la recesión técnica. La combinación de ambos indicadores en un lapso tan breve —una actividad económica que sorprende al alza y una inflación que se desacelera más rápido de lo esperado— ofrece una lectura consistente. Los principales indicadores macroeconómicos del país están mostrando, en las últimas semanas, señales de estabilización que contrastan con el escenario más pesimista que dominaba el debate económico hace apenas un mes.
La cautela que persiste
Aun así, conviene mantener la misma prudencia que las propias autoridades económicas han expresado en ocasiones anteriores frente a datos puntuales positivos. Un solo mes de desaceleración inflacionaria, así como un solo mes de repunte en la actividad, no permite todavía hablar de una tendencia consolidada. El propio Presidente Kast había advertido, al comentar el Imacec de junio en su cadena nacional de esta semana, que «un mes no hace una tendencia», una prevención que aplica también para la lectura del IPC de julio. La trayectoria hacia la meta de 3% del Banco Central deberá confirmarse en los próximos meses para descartar sorpresas al alza, como las que ya se han observado en meses anteriores por factores estacionales o tarifarios.
Lo que viene
Con la inflación acercándose a la meta y la actividad económica mostrando señales de recuperación, el foco de las próximas semanas estará puesto en si esta combinación de indicadores se sostiene en agosto y septiembre, meses en los que el propio mercado había proyectado nuevas alzas en el IPC. De confirmarse la tendencia a la baja, el escenario le daría un respaldo adicional al equipo económico del Gobierno, que en las últimas semanas ha defendido con fuerza la idea de que la economía chilena ya dejó atrás su peor momento del año.