La revuelta de los liceos nació en Seine-Saint-Denis, donde inmigración, pobreza y escuelas golpeadas van juntas. Francia no quiere medir cuánto pesa cada una, y el debate no puede esperar.
La revuelta de los liceos franceses nació en Seine-Saint-Denis, un departamento donde cerca del 32% de los habitantes son inmigrantes, según el INSEE. Es también una zona pobre, con escuelas golpeadas por la falta de profesores. Mi pregunta es simple y legítima: ¿cuánto pesa cada factor? Francia se niega a medirlo.
Un nudo de tres hilos
Imaginemos un nudo hecho de tres hilos: inmigración, pobreza y escuela. El primer hilo es la inmigración. Saint-Denis, Aubervilliers y Pantin fueron focos de la revuelta, y el departamento al que pertenecen tiene ese 32% de población inmigrante.
El segundo es la pobreza. Según una pregunta parlamentaria de una diputada de La Francia Insumisa, es uno de los departamentos más pobres de la Francia metropolitana, y un alumno pierde allí, en promedio, el equivalente a un año de clases por profesores ausentes sin reemplazo.
El tercero es la escuela. Un informe parlamentario de 2018 ya hablaba de una «ruptura de igualdad» en la enseñanza de ese departamento.
Estos hilos suelen ir juntos. La OCDE dice que los alumnos de origen inmigrante suelen venir de familias con menos recursos. Casi uno de cada dos alumnos inmigrantes en Francia viene de un medio desfavorecido, frente al 37% del promedio de la OCDE. Y en Francia el origen social pesa más que en casi cualquier otro país: cerca del 20% de las diferencias de rendimiento en ciencias se explica por el nivel socioeconómico, frente a cerca del 13% del promedio (PISA 2018). Cuando barrio, origen y pupitre apuntan al mismo lado, hay un patrón que merece estudio.
El termómetro roto
Francia no registra el origen ni la religión de las personas que detiene. En 2023, el entonces ministro del Interior, Gérald Darmanin, dijo que nunca le habían gustado las estadísticas étnicas, y que el 90% de los detenidos en esos disturbios eran franceses.
Pero no medir no es no ver. Es como romper el termómetro para no asustarse con la fiebre. El lema de la República podría completarse así: libertad, igualdad, fraternidad… y ningún dato.
Lo que dice la derecha, y lo que responde el Gobierno
La derecha francesa sostiene hace años que la concentración de familias de origen inmigrante en ciertos barrios alimenta el comunitarismo y complica la integración escolar. En 2023, el diputado de Los Republicanos Éric Pauget lo planteó diciendo que, aunque los detenidos fueran franceses, muchos eran descendientes de oleadas migratorias que formaron comunidades cerradas. El Gobierno respondió entonces que no había vínculo entre disturbios e inmigración.
Hoy Marine Le Pen, candidata conservadora que se dispara en las preferencias para ser la próxima Presidente de Francia en 2027, propone un referendo para restringir la inmigración y otro para «combatir las ideologías islamistas». Se puede estar a favor o en contra, pero el debate de fondo es legítimo.
El matiz de la OCDE
Un estudio de la OCDE concluye que el bajo rendimiento de los alumnos inmigrantes se relaciona sobre todo con la desventaja social de su escuela, más que con la cantidad de inmigrantes. Eso no cierra el debate, lo hace más incómodo. Si lo que pesa es el desamparo, la pregunta es por qué tantas familias inmigrantes quedan atrapadas en él durante generaciones.
La revuelta, en pocas líneas
- El martes 6 de octubre marcharon 256.000 personas, 56.000 en París, según el Ministerio del Interior.
- Hay cerca de 5.000 detenidos, y 400 de 3.700 liceos cerrados.
- Solo el jueves 1 de octubre hubo 305 policías y gendarmes heridos, según el ministro del Interior, Laurent Nuñez.
- El Gobierno del primer ministro, Sébastien Lecornu, acusa a La Francia Insumisa de una maniobra organizada, y LFI lo niega.
- Le Pen y Bardella atribuyen la revuelta a profesionales del desorden y a diputados de izquierda.
La violencia es real y no tiene justificación. Pero ninguna fuente establece que sea obra de inmigrantes. Esa distinción importa: es la diferencia entre un debate y una acusación.
Críticos dirán que ligar escuela, pobreza e inmigración estigmatiza a familias que solo quieren mejores aulas, y que los datos prueban el abandono del Estado, no un problema de origen. Dirán también que medir el origen étnico abriría la puerta a discriminaciones. Son argumentos que merecen respuesta, y son compatibles con lo central: sea cual sea el hilo que más pese, Francia necesita primero medir y después decidir.