Una investigación de El Líbero encendió esta semana una alerta sobre el verdadero alcance de la renovación que prometía la nueva conducción del Frente Amplio (FA). Según el medio, un 64% de los integrantes de la mesa directiva y del Comité Central de la colectividad trabajó en el gobierno de Gabriel Boric, con un sueldo promedio mensual superior a los $5 millones durante su paso por el Ejecutivo.
Una directiva elegida con la promesa de mirar hacia adelante
La nueva presidenta del FA, la diputada Gael Yeomans, asumió el cargo el pasado 16 de agosto tras imponerse con el 54,71% de los votos a la timonel saliente, Constanza Martínez, en una elección interna marcada por una participación de apenas el 18,45% del padrón habilitado: solo 10.358 de casi 56.000 militantes acudieron a votar. En su discurso de campaña, Yeomans planteó la necesidad de liderar una alianza opositora más amplia, capaz de convocar «desde el PC hasta la DC», y de proyectar al partido con una mirada de mediano y largo plazo.
Sin embargo, la composición del Comité Central —el órgano de 102 integrantes que define las grandes definiciones políticas de la colectividad— muestra que buena parte de esa renovación discursiva no se tradujo en un recambio real de rostros. Entre los electos aparecen nombres como Carlos Durán, exjefe de gabinete del propio Gabriel Boric y estratega de su campaña presidencial; Javiera Toro y Marcela Sandoval, ambas exministras de su gobierno; y Francisca Perales, exsubsecretaria de Desarrollo Regional. A ellos se suman parlamentarios con perfil público más consolidado, como Jaime Bassa (quien resultó el más votado del proceso), Emilia Schneider, Constanza Schonhaut, Diego Ibáñez, Coca Ñanco y Carolina Tello.
El respaldo explícito de Boric a la nueva mesa
El propio expresidente celebró públicamente el triunfo de Yeomans apenas conocidos los resultados. «Felicito a la diputada Gael Yeomans que ha sido electa Presidenta del Frente Amplio (…) sabe que contará conmigo durante estos tiempos intensos en esta tremenda responsabilidad», escribió Boric en su cuenta de X. Días después, ambos sostuvieron una reunión en la que, según relató la propia Yeomans, se abordaron «los desafíos» del partido y «la necesidad de fortalecer a la izquierda mediante el debate interno». «La invitación a incomodarnos, a debatir, y buscar desde ahí fortalecer a la izquierda (…) me convoca completamente», afirmó la nueva presidenta tras el encuentro.
Ese vínculo estrecho entre la nueva conducción y el expresidente —sumado al perfil de buena parte del Comité Central— es justamente lo que la investigación pone en cuestión. Si la elección de Yeomans representó realmente un giro hacia una nueva generación de liderazgos, o si en la práctica consolidó a un grupo de dirigentes que ya ejerció el poder durante los cuatro años de gobierno de Boric, con las consecuencias que esa gestión dejó en materias como seguridad, economía y confianza institucional.
Una interna sin caras nuevas
El propio proceso eleccionario había dejado en evidencia esta tensión antes incluso de conocerse la investigación de El Líbero. Analistas y medios que cubrieron la elección interna señalaron que, pese a que Yeomans es percibida como un liderazgo «más territorial» que Constanza Martínez, buena parte de las listas que compitieron —incluida la ganadora— estuvieron nutridas por dirigentes con trayectoria en el aparato de gobierno saliente, más que por una verdadera irrupción de nuevos cuadros surgidos desde las bases o el mundo social.
Esta configuración cobra especial relevancia en el contexto actual: el FA busca posicionarse como el articulador de una coalición opositora amplia frente al gobierno de José Antonio Kast, en momentos en que la propia Yeomans ha señalado que su bloque «va a oponerse a cualquier retroceso» impulsado por el Ejecutivo, incluyendo la reforma constitucional en seguridad. La pregunta que instala la investigación es si un partido conducido mayoritariamente por quienes ya gestionaron el país durante el gobierno anterior está en condiciones de presentarse ante la ciudadanía como una alternativa renovada, o si corre el riesgo de repetir los mismos diagnósticos y las mismas caras que llevaron al desgaste que hoy reconocen sus propios dirigentes.
El desafío pendiente
Con una participación interna que no llegó ni a dos de cada diez militantes habilitados, y con una mesa y un Comité Central donde predominan trayectorias ligadas al gobierno de Boric, el Frente Amplio enfrenta ahora el desafío de demostrar en los hechos —y no solo en el discurso— que es capaz de renovarse. La cercanía explícita entre Yeomans y el expresidente, sumada al perfil de quienes hoy integran la testera del partido, alimenta las dudas sobre si el recambio generacional que se prometió en la campaña interna llegará a materializarse antes de la próxima contienda presidencial.