Hay una forma de mentir que no requiere inventar un solo número. Basta con cortar la fotografía en el momento exacto que conviene. Eso es, con precisión quirúrgica, lo que hizo la exvocera de Gobierno Camila Vallejo esta semana, cuando publicó en su cuenta de X un gráfico titulado «Chile: hoy vs. hace un año», acusando al Presidente Kast de «avergonzar a Chile ante el mundo» tras su discurso ante la Asamblea General de la ONU.
El gráfico que compartió muestra cuatro indicadores —confianza económica, crecimiento del PIB, inversión y desempleo— comparando 2025 con 2026. Los cuatro en rojo. Los cuatro con flecha hacia abajo. Una fotografía perfecta de la decadencia, atribuible, según ella, a «las propias insuficiencias y malas decisiones» del actual Gobierno.
El problema es que esa fotografía estaba recortada. Y además, apuntaba al responsable equivocado.
Una herencia, no una improvisación
Antes de llegar al gráfico completo, hay algo que merece decirse con toda claridad. Los propios números de 2026 que Vallejo exhibe como prueba del fracaso de Kast son, en realidad, el resultado de decisiones tomadas —o no tomadas— durante 2025, es decir, en el último año completo del gobierno del que ella fue vocera. La economía no funciona con interruptores de encendido inmediato: la inversión que se frena, el gasto fiscal que se compromete, la confianza empresarial que se erosiona, son procesos que toman meses en manifestarse en las cifras oficiales. Cuando José Antonio Kast asumió el 11 de marzo de este año, no heredó una economía en blanco, heredó una trayectoria ya trazada, con un desempleo que venía subiendo, una inversión que ya se enfriaba y una confianza empresarial que arrastraba años de deterioro, todo gestado bajo la administración de la que Vallejo fue una de sus voceras más visibles durante casi cuatro años.
Que hoy, a solo seis meses de gestión, se le exija al actual Gobierno revertir de la noche a la mañana una inercia que tomó años en construirse, y que además se use esa misma inercia heredada como prueba de su supuesto fracaso, no es análisis económico. Es, en el mejor de los casos, amnesia selectiva. En el peor, es exactamente el mismo tipo de manipulación que el propio gráfico recortado terminó exhibiendo.
Una curva que sube, mostrada solo en su punto más bajo
La misma fuente que Vallejo citó —el Informe de Política Monetaria (IPoM) de septiembre del Banco Central— no termina en 2026. Continúa con proyecciones para 2027 y 2028, y esas proyecciones cuentan una historia completamente distinta a la que ella quiso mostrar. El crecimiento del PIB, que ella exhibe cayendo a un rango de 0,25%-0,75% este año, el propio Banco Central proyecta que repunte a entre 2,0% y 3,0% en 2027, y hasta 3,25% en 2028. La inversión, que muestra en -0,3% para este año, se proyecta en +8,1% para 2027. Ambos indicadores, los dos más relevantes de todo su gráfico, con flecha verde hacia arriba en la misma tabla que ella decidió no publicar completa.
No es un detalle menor. Es, literalmente, la mitad de la información que la propia fuente entregaba.
Cualquier economista sabe que 2026 fue, para Chile, un año de ajuste. La producción de cobre bajó transitoriamente, y eso arrastró hacia abajo varios indicadores de corto plazo, sobre una base que además venía debilitada desde el año anterior. Eso no es un invento del Gobierno ni una excusa: lo confirmó, hace apenas dos días, el propio Fondo Monetario Internacional, cuando calificó la desaceleración chilena como «en gran medida temporal» y proyectó que el país puede volver a crecer cerca de un 3% anual a mediano plazo —una cifra prácticamente idéntica a la que el Banco Central chileno maneja para 2027 y que Vallejo prefirió no mostrar.
Es decir, cuando el organismo financiero más influyente del planeta y el propio instituto emisor chileno coinciden en que lo peor ya pasó y que viene una recuperación, la exvocera de Gobierno elige, de todo ese panorama, congelar la imagen exactamente en el momento más oscuro —el mismo momento que su propia gestión ayudó a construir— y adjudicárselo por completo a quien lleva apenas medio año en el cargo.
El problema no es tener una opinión política. Es hacerlo pasar por un dato objetivo
Nadie le exige a una política de oposición que celebre la gestión del Gobierno que compite con el suyo. Criticar es parte legítima de la política. El problema aparece cuando esa crítica se disfraza de objetividad técnica —»miren, son datos del Banco Central»— mientras se oculta deliberadamente la parte de esos mismos datos que contradice la conclusión que se quiere instalar, y se le atribuye a un adversario político un resultado que en realidad es, en gran medida, el cierre de un ciclo que ella misma ayudó a administrar.
Ahí ya no estamos frente a una diferencia de interpretación política. Estamos frente a una construcción de relato con recursos de manipulación visual y de memoria selectiva. Elegir qué columnas mostrar, cuáles cortar, y qué año atribuirle a quién, sabiendo perfectamente que la mayoría de quienes vean esa imagen en sus redes sociales no van a ir a comparar el gráfico completo ni a revisar quién gobernaba Chile durante buena parte de 2025.
Una pregunta pendiente
Queda una pregunta abierta, y es justa hacerla. Si la propia proyección del Banco Central para 2027 y 2028 confirma que la recuperación viene en camino —tal como coincide con el FMI—, y si buena parte de las cifras de 2026 son la consecuencia directa de decisiones tomadas durante el gobierno anterior, ¿por qué la necesidad de cortar el gráfico exactamente ahí, y de dirigir toda la responsabilidad hacia el gobierno que recién comienza a corregir el rumbo? La respuesta más honesta es también la más incómoda para quien construyó esa publicación, porque una recuperación proyectada, y una herencia reconocida, no sirven para sostener el titular de que «Kast avergüenza a Chile». Y cuando los datos completos —ni los del gráfico, ni los del calendario— no acompañan el relato que se quiere instalar, la solución más fácil, aunque no la más honesta, es mostrar solo la parte de la fotografía que sí lo hace.