«Esto es lo que más me ha dolido firmar», admitió Quiroz. El biministro Alvarado explicó públicamente que el presupuesto heredado «estaba desfinanciado». Y la misma izquierda que dejó la caja fiscal con US$46 millones al 1 de enero, que aprobó reajustes sin financiamiento y que ocultó US$10.500 millones en sus proyecciones, hoy sale a indignarse. Es el colmo del descaro político.
Hay un tipo de audacia política que solo funciona si la ciudadanía no recuerda lo que ocurrió hace tres meses. La oposición chilena lo puso en práctica esta semana con una velocidad que hace honor a su falta de pudor: apenas el gobierno anunció que necesitaba autorización para emitir US$6.200 millones en deuda adicional, la izquierda salió en masa a indignarse, a hablar de «el mayor endeudamiento de la historia» y a exigir explicaciones.
Los mismos que dejaron la caja del Estado con US$46 millones. Los mismos que ocultaron US$10.500 millones en sus proyecciones. Los mismos que aprobaron reajustes de sueldo sin financiamiento asegurado. Esos mismos hoy exigen explicaciones sobre la deuda que ellos generaron.
La reacción de la oposición: indignación sin memoria
La reacción opositora fue tan rápida como predecible. Apenas el Presidente Kast firmó el proyecto para elevar el límite de endeudamiento, los parlamentarios de izquierda se instalaron frente a las cámaras con cara de escándalo.
El diputado independiente-PPD, Carlos Bianchi, cuestionó que el anuncio se realizara pocas horas después de la Cuenta Pública: «Llama poderosamente la atención que ayer en la Cuenta Pública el Presidente Kast no le haya advertido al Congreso que saliendo de la Cuenta Pública iba a firmar un decreto para endeudar al país en 6 mil 200 millones de dólares. Esta situación nunca se había visto. Sentimos que esta forma de gobernar genera una enorme desconfianza en el país y en este Congreso.»
La oposición acusó que el Gobierno busca cubrir el costo fiscal de su reforma tributaria con más endeudamiento.
El argumento tiene una elegancia diabólica. Culpar al gobierno actual de la deuda que el gobierno anterior generó. Pero hay un problema. Los números no mienten. Y los números cuentan una historia completamente diferente.
La verdad que la oposición no quiere que Chile recuerde
Para entender de dónde vienen los US$6.200 millones, hay que recordar lo que el gobierno de Boric dejó al entregar el poder. No es especulación ni propaganda. Es lo que la auditoría del propio gobierno de Kast documentó y lo que el Informe de Finanzas Públicas del primer trimestre confirmó con cifras verificables.
La caja vacía: Al 31 de diciembre de 2025, último día del gobierno de Boric, el Estado de Chile tenía US$46 millones disponibles en caja. El promedio necesario para operar es de US$4.000 millones. El gobierno entrante recibió el 1,15% del capital de trabajo necesario para funcionar. Como señala el análisis de Ex-Ante: «El gobierno anterior evitó emitir a tiempo deuda para dejar capital de trabajo y trasladó esa necesidad a los primeros meses del nuevo gobierno.»
Los ingresos inflados: El Informe de Finanzas Públicas reveló que las estimaciones de ingresos del gobierno anterior estaban sobreestimadas en US$8.000 millones para el período 2026-2030. El FMI, el Consejo Fiscal Autónomo y economistas de todos los sectores lo habían advertido por más de dos años. El gobierno de Boric no corrigió.
Los compromisos ocultos: US$10.500 millones en deuda que no aparecían en las proyecciones oficiales. Una diferencia aritmética que Contraloría y el propio ministro Quiroz señalaron como inexplicable dentro de los estándares básicos de la contabilidad pública.
La Ley de Reajuste sin financiamiento: El biministro Alvarado fue explícito al dar un ejemplo concreto: «Una de las últimas leyes fue la Ley de Reajuste. La mitad de ese reajuste, más de 800 millones de dólares, no estaba financiado. El Congreso votó una legislación que no tenía sus fuentes de ingresos definidas.»
Son cuatro bombas fiscales distintas, todas detonadas antes del 11 de marzo, todas heredadas por el gobierno de Kast. Y todas ignoradas por quienes hoy gritan «escándalo».
Alvarado lo dice sin eufemismos: «Jamás habíamos pensado que tendríamos que hacer esto»
El biministro del Interior y Secretaría General de Gobierno, Claudio Alvarado, salió a los medios a explicar la situación con una honestidad que contrasta frontalmente con el descaro de la oposición.
«Es una decisión y una medida que jamás habíamos pensado en hacerla. Yo creo que ningún ministro de Hacienda queda contento cuando tiene que ir al Congreso a pedir que le autoricen endeudar al país, sobre todo con los niveles de deuda actuales», declaró en Radio Agricultura.
Pero Alvarado fue aún más directo al señalar quién es el responsable de que esa medida sea necesaria: «El presupuesto que recibimos estaba desfinanciado. Estaba con estimaciones de ingresos superiores a los reales y compromisos de gasto muy por encima de lo presupuestado.»
La consecuencia aritmética de esa combinación es inevitable: «Si tienes menos ingresos y más gastos, tienes que cubrir esa diferencia. Y esa diferencia, el único camino que queda es cubrirla con deuda.»
Y por si quedaban dudas sobre el origen del problema: «Gran parte del endeudamiento autorizado se cursó antes que asumiera el Gobierno. Tenemos que hacernos cargo de esos recursos comprometidos por ley.»
Quiroz lo reconoce: «Es lo que más me ha dolido firmar»
Si el discurso de Alvarado fue directo, el de Quiroz ante los parlamentarios del oficialismo la noche del lunes en Cerro Castillo fue aún más revelador.
«Esto es lo que más me ha dolido firmar», sinceró el ministro de Hacienda ante los diputados y senadores de gobierno que escuchaban en silencio.
No es el lenguaje de un gobierno que celebra su gestión. Es el lenguaje de un gobierno que está pagando las facturas de otro, que lo reconoce públicamente y que aun así tiene que hacerlo porque el Estado tiene obligaciones que cumplir: con los proveedores, con los funcionarios, con los beneficiarios de programas sociales.
Quiroz fue preciso al descomponer la cifra: «Teníamos un déficit proyectado para este año de 2,4% que excede el 1,5% que se hizo en la ley de Presupuestos el año pasado. Esa diferencia más el efecto del tipo de cambio nos deja una necesidad de US$4.700 millones. Si solo pidiéramos eso continuaríamos postergando exigencias y pagos que se deben pagar a proveedores del Estado, muchos de ellos pymes. Hemos agregado un monto mínimo que estimamos de capital de trabajo para poder ir cumpliendo con esas obligaciones que asciende a US$1.500 millones y eso suma US$6.200 millones.»
En otras palabras: US$4.700 millones para cubrir el déficit real heredado. US$1.500 millones para tener el capital de trabajo mínimo que el gobierno anterior dejó vacío. Total: US$6.200 millones. No es un capricho. Es una matemática que la oposición construyó y que el gobierno actual está obligado a resolver.
El cinismo que no tiene nombre
La oposición acusó que el Gobierno busca cubrir el costo fiscal de su reforma tributaria con más endeudamiento. El argumento se cae solo cuando se conocen los números: la Ley de Reconstrucción, que es la «reforma tributaria» a la que se refiere la oposición, contempla una rebaja gradual del impuesto corporativo del 27% al 23%. Esa rebaja tiene un costo fiscal proyectado a varios años, no a 2026. El endeudamiento de US$6.200 millones, en cambio, responde al déficit y los compromisos heredados que deben pagarse este año.
Son dos cosas completamente distintas. La oposición las mezcla deliberadamente.
Lo que Carlos Bianchi, Daniel Manouchehri y el resto de la izquierda parlamentaria están haciendo esta semana tiene un nombre preciso: están criticando el incendio que ellos mismos provocaron, usando el extintor que el gobierno actual tuvo que comprar de urgencia.
El análisis de Ex-Ante lo pone en perspectiva con precisión: «La mejora de la caja de febrero no fue gratis ni estructural, porque estuvo impulsada por deuda. Más allá de la disputa por la caja fiscal, la ejecución a febrero muestra que el problema de fondo sigue estando en las cuentas públicas: el Estado sigue gastando más de lo que recauda.»
El gobierno de Kast no creó ese problema. Lo heredó. Lo documentó. Lo transparentó ante el país. Y ahora está tomando las medidas para resolverlo, aunque eso implique firmar algo que, en palabras del propio Quiroz, «es lo que más me ha dolido.»
Que la oposición lo critique sin mencionar su propia responsabilidad en la crisis no es solo hipocresía. Es una falta de pudor que Chile debería recordar la próxima vez que alguno de esos mismos parlamentarios hable de «responsabilidad fiscal.»