EL MANUAL COMPLETO DE LA IZQUIERDA PARA CONVOCAR UNA MARCHA, DEJAR QUE EXPLOTE Y DESPUÉS VICTIMIZARSE

Prometieron «marcha pacífica». Ignoraron el recorrido autorizado. Dejaron que los encapuchados hicieran su trabajo. Y cuando Carabineros usó el lanzaguas, el presidente del Colegio de Profesores declaró que «el gobierno buscó provocar esto.» Todo mientras en su propio video, grabado segundos antes, dos personas con bombas Molotov pasaban detrás de él. El guión más viejo de la izquierda chilena se repitió con una precisión que ya no sorprende a nadie.

Hay un manual. No está escrito en ningún lugar, pero quienes llevan años siguiendo la política chilena lo conocen de memoria. Tiene cinco pasos que se repiten con una regularidad que bordea la liturgia.

Paso 1: Convocar a una marcha con lenguaje de reivindicación legítima. Paso 2: Ignorar los acuerdos con la autoridad. Paso 3: Dejar que los encapuchados hagan su parte. Paso 4: Declarar ante las cámaras que fue «totalmente pacífica». Paso 5: Cuando el Estado responde, acusar «represión».

El miércoles 3 de junio, ese manual se ejecutó en Santiago con una perfección que ya no admite excusas ni interpretaciones benévolas.

Paso 1: La convocatoria con el lenguaje de siempre

El paro nacional convocado por la Confech recibió respaldo del Colegio de Profesores, quienes confirmaron que su participación buscaba manifestar su oposición a diversas políticas impulsadas por el Gobierno del Presidente José Antonio Kast.

Las consignas eran conocidas de antemano: «No a Escuelas Protegidas, No a la megarreforma, No a los recortes.» Lenguaje de defensa de la educación. Lenguaje que nadie puede cuestionar en abstracto. Lenguaje que sirve para juntar a miles de personas de buena fe que genuinamente se preocupan por la educación de sus hijos.

Ese lenguaje es la puerta de entrada. Lo que viene después no tiene nada que ver con la educación.

Paso 2: Ignorar el acuerdo y mentir sobre él

Aquí empieza el manual en serio. La Delegación Presidencial de la Región Metropolitana autorizó la marcha. Ofreció coordinar el recorrido. Convocó a una reunión para acordarlo. La Confech no fue.

Después recibió el trayecto autorizado por escrito. Y salió a decir en redes sociales que le habían negado la marcha. Una mentira. La Delegación reveló el correo con la invitación. La mentira quedó documentada.

El propio Mario Aguilar anticipó lo que vendría: «Plaza Baquedano es el punto más álgido de las movilizaciones sociales de la capital. Va a ser una manifestación pacífica, como la mayoría de las estudiantiles han sido.»

Baquedano. El punto más álgido. No Los Héroes ni Ecuador, que era el recorrido autorizado. Baquedano, el lugar donde Chile sabe que las cosas se salen de control. La elección no fue casual.

Paso 3: Los encapuchados hacen su parte

Los incidentes comenzaron a la altura del GAM, luego se desplazaron hacia Baquedano y terminaron a la altura de Salvador en Providencia. Los manifestantes lanzaron elementos contundentes contra el personal uniformado. Se cortó el tránsito vehicular en la Alameda.

Miles de escolares, universitarios y profesores marcharon, pero la policía evitó con gases lacrimógenos y chorros de agua que avanzaran hacia el palacio presidencial. Los estudiantes respondieron lanzándoles piedras.

El balance final lo entregó el delegado Codina sin eufemismos: «Hay tres carabineros con lesiones leves, hay 35 personas detenidas, tres de ellos por porte y lanzamiento de bombas molotov. Uno de los civiles lesionados incluso por riñas internas entre quienes participaban de la marcha.»

Tres personas con bombas Molotov. Una estudiante de Derecho con fracturas faciales golpeada por una piedra lanzada dentro de la propia marcha. Carabineros atacados con piedras. Estaciones del Metro cerradas. Calles cortadas durante horas.

¿Cómo describe todo eso el presidente del Colegio de Profesores?

Paso 4: «Fue totalmente pacífica»

Aquí llega el momento más revelador de todo el guión. Mientras los carros lanzaguas comenzaban a operar en la Alameda y los encapuchados respondían con piedras, Mario Aguilar tomó su teléfono y grabó un video para sus redes sociales.

En ese video, el presidente del Colegio de Profesores declaró ante sus seguidores que la marcha era «totalmente pacífica.»

Lo que Aguilar no vio, o prefirió no ver, fue lo que ocurría en el plano detrás de él. Porque el delegado Codina sí lo vio. Y lo describió con una precisión que hace innecesario cualquier otro comentario: «Me sorprendió ver al señor Mario Aguilar, al presidente del Colegio de Profesores, que señalaba en una alocución en redes sociales que esta era una marcha totalmente pacífica, y se ve en la misma alocución pasar detrás de él a dos personas con bombas molotov. Entonces, ¿de qué marcha pacífica hablamos?»

El video existe. Las dos personas con Molotov existen. La declaración de Aguilar existe. No hay manera de reconciliar los tres elementos excepto reconociendo que el presidente del Colegio de Profesores dijo algo que no era verdad. O que la verdad que tenía detrás de él era tan incómoda que prefirió no mencionarla.

Paso 5: «El gobierno buscó provocar esto»

Y entonces llegó el último paso del manual. El más predecible. El más desgastado. El que, sin embargo, la izquierda sigue usando porque sabe que funciona con una parte del público.

Cuando el carro lanzaguas comenzó a disuadir a los manifestantes, Aguilar aseveró: «Aquí tenemos la situación de violencia que el Gobierno buscaba. El 99% no estábamos provocando ninguna violencia y sin embargo hay una represión que no se justifica, una provocación.»

«El gobierno buscó provocar esto, buscó generar esta situación para justificar la represión», repitió el presidente del gremio docente ante los medios.

El argumento tiene una estructura perfecta para quien no conoce el contexto: el Estado provocó, los estudiantes respondieron, la represión es injusta. Pero hay un problema. El contexto existe. Y desmonta cada pieza de ese argumento.

El gobierno no les negó la marcha. Les modificó el recorrido. La Confech no fue a la reunión para coordinarlo. Ignoró el trayecto autorizado. Partió desde Baquedano de todas formas. Los encapuchados lanzaron piedras a Carabineros. Varias personas llegaron con bombas Molotov. Una estudiante resultó herida por una piedra lanzada dentro de la propia marcha.

¿En cuál de esos hechos está la «provocación» del gobierno?

El cinismo que ya no sorprende pero que Chile no puede normalizar

Aguilar acusó que la negativa de las autoridades de permitir el trazado histórico por la Alameda fue una «justificación» que propició hechos violentos entre manifestantes y Carabineros.

La lógica es circular y deliberada: si el gobierno modifica el recorrido y hay violencia, la culpa es del gobierno por haberlo modificado. En cualquier escenario, el Estado es el responsable y los convocantes son víctimas.

Es una trampa retórica perfectamente diseñada. Y lleva décadas funcionando en Chile y Latinoamérica porque nadie la ha desarmado con suficiente claridad ante la opinión pública.

Amnistía Internacional entró al juego con la misma partitura: «Lamentablemente, hoy día, en 2026, estamos en peores condiciones que en 2019 para ejercer el derecho a manifestarse en lugares públicos.»

Peores condiciones que en 2019. El año en que quemaron 25 estaciones del Metro. El año en que se generaron US$3.300 millones en daños. El año en que incendiaron iglesias. Si esas son las condiciones de referencia que Amnistía Internacional añora, algo muy grave está pasando con su brújula moral.

Lo que el gobierno hará diferente esta vez

A diferencia de lo que ocurrió en 2019, el gobierno de Kast no está dispuesto a absorber este relato sin respuesta. El ministro Arrau lo dijo con claridad: «Una sociedad que aspira a vivir en paz no puede normalizar la violencia ni victimizar de manera selectiva.»

Y Codina agregó lo que el gobierno hará concretamente: «Como Gobierno vamos a seguir adelante también en aquellos casos que se nos den garantías de que no va a haber violencia.» Sin garantías, sin autorización. Simple, claro y aplicable.

Las querellas contra quienes agredieron a Carabineros ya están en tribunales. El Registro de Vándalos avanza en el Congreso. La Ley Antiencapuchados está en la agenda legislativa. El gobierno está construyendo, en paralelo al discurso, las herramientas legales que hagan que el paso 3 del manual tenga consecuencias reales.

Porque el manual de la izquierda funciona solo si no hay consecuencias. Y eso está cambiando.

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