Basado en la columna «CAE o borrar con el codo lo escrito con la mano», de Juan José Santa Cruz, publicada en El Líbero.
Hay una pregunta que el columnista Juan José Santa Cruz deja flotando en el aire al final de su análisis sobre la reaparición pública de Gabriel Boric criticando los embargos del CAE. Una pregunta que no necesita respuesta porque ya la contiene: ¿Cómo se llama el político que prometió condonar una deuda, vio crecer la morosidad por esa promesa, firmó la ley que permite embargar las cuentas de los deudores y ahora sale indignado a preguntar por qué el Estado cobra lo que le deben?
Santa Cruz tiene una respuesta de tres palabras: «Hay que ser bien caradura.»
Lo que dijo Boric esta semana
El expresidente reapareció en sus redes sociales con un tuit de indignación. Cuestionó los embargos que la Tesorería General está ejecutando sobre las cuentas bancarias de los deudores morosos del CAE. Y construyó su argumento con una frase que Santa Cruz desmonta sin misericordia: «Pese a que teníamos consenso técnico, durante nuestro gobierno la derecha se negó a legislar.»
Consenso técnico. Esas dos palabras son el centro de todo. Porque según Boric, si el CAE no fue reemplazado, fue culpa de la derecha que bloqueó su proyecto. El problema, como demuestra el análisis de Santa Cruz, es que esa afirmación es derechamente falsa.
La primera omisión: no había consenso técnico
Santa Cruz es preciso. Prácticamente nadie en la centroderecha estaba de acuerdo con la condonación universal. Pero más revelador es quién tampoco estaba de acuerdo dentro del propio gobierno de Boric.
El exministro de Hacienda Mario Marcel, el economista más respetado de la administración anterior, tenía serias reservas respecto a los costos fiscales de una condonación universal, que según cálculos conocidos bordeaba los 10 mil millones de dólares.
Dicho de otra manera: el propio ministro de Hacienda de Boric no creía en la promesa estrella de Boric en materia educacional. No había consenso técnico. Había un gobierno que prometió algo que sabía que era inviable, esperando que nadie hiciera las cuentas.
La segunda omisión: la morosidad se disparó por su propia promesa
Aquí está el dato más demoledor de la columna de Santa Cruz. La morosidad en el CAE pasó del 28% al 53% durante el gobierno de Boric.
No fue una crisis económica lo que produjo ese salto. No fue el desempleo ni la inflación. Fue la promesa de condonación. El ex director de Presupuestos Matías Acevedo lo dijo con una claridad que no admite debate: «Si yo les pregunto si tienen un crédito y una promesa de condonación, ¿lo van a pagar?»
La respuesta era obvia antes de la pregunta. Cientos de miles de chilenos que debían el CAE escucharon al candidato Boric prometer que su deuda sería perdonada. Y dejaron de pagar. No porque no pudieran. Porque Boric les dijo que no tendrían que hacerlo.
Boric prometió condonar. La morosidad se disparó. Y ahora Boric critica las consecuencias de su propia promesa como si hubieran caído del cielo.
La tercera omisión: la ley que habilita los embargos la firmó él
Esta es la omisión que Santa Cruz califica directamente de cínica. Y tiene razón.
La norma que hoy permite a la Tesorería embargar fondos directamente desde cuentas bancarias es la Ley de Cumplimiento Tributario N°21.713, que modificó el artículo 170 del Código Tributario. Esa ley fue promulgada en 2024. Por Gabriel Boric.
Boric firmó la ley que amplió las herramientas de cobro del Estado, incluyendo el embargo electrónico de cuentas corrientes. Ahora sale a denunciar los embargos que esa misma ley habilita.
Es exactamente lo que describe Santa Cruz: «La indignación de quien descubre que el fuego quema después de haberlo prendido.»
No se puede prometer condonar una deuda, dejar que la morosidad se dispare por esa promesa, firmar la ley que permite cobrarla por la fuerza y luego salir a denunciar el cobro. O más precisamente: se puede hacer. Pero hay que tener una audacia política fuera de lo común para hacerlo sin que se te caiga la cara de vergüenza.
El dato que Boric tampoco menciona: los embargados tienen sueldo de $3,5 millones
La narrativa que construye Boric en su tuit es la de familias trabajadoras y sacrificadas siendo aplastadas por el Estado. Es un relato emocionalmente efectivo. Y es parcialmente deshonesto.
Santa Cruz lo pone sobre la mesa con datos concretos. Los embargos ejecutados hasta ahora afectan a personas con sueldos iguales o superiores a $3.500.000 mensuales. Son profesionales que accedieron al crédito del Estado para estudiar en universidades de prestigio, que obtuvieron las credenciales y los ingresos que buscaban, y que optaron por no pagar.
No son los más vulnerables de Chile. Son personas que pueden pagar y no lo han hecho. Algunos porque esperaban la condonación que Boric prometió. Otros porque calcularon que el Estado no iba a cobrar. El gobierno de Kast les está diciendo que calcularon mal.
Hay deudores con situaciones genuinamente difíciles, y el gobierno ya abrió la puerta a revisar esos casos. Pero la caricatura de los embargos como persecución a los pobres no resiste el análisis de los datos. Y Boric lo sabe.
Lo que Santa Cruz define con precisión quirúrgica
El columnista cierra su análisis con una frase que resume el cuadro completo: la intervención de Boric «es un intento ramplón de transformar en virtud lo que fue fracaso, y en responsabilidad ajena lo que fue decisión propia.»
Es la descripción exacta de la operación política que está ejecutando el expresidente. Tomar el fracaso de haber prometido la condonación y no haberla cumplido, y convertirlo en una crítica al sucesor que cobra lo que Boric no pudo perdonar. Tomar la decisión propia de firmar la ley de embargos, y proyectar la responsabilidad en el gobierno actual que la usa.
Como dice Santa Cruz: «se puede discutir la política del CAE con seriedad. El diseño del crédito es deficiente y merece reforma. Eso es cierto y nadie lo niega. Pero ese debate serio requiere reconocer que el interlocutor principal de esta historia es el mismo que prometió condonar, que vio subir la morosidad, que amplió las facultades de cobro y que hoy sale a indignarse por los resultados.»
No se puede borrar con el codo lo que se escribió con la mano. Aunque en política chilena, como demuestra la reaparición de Boric esta semana, siempre habrá quien lo intente.