El expresidente Gabriel Boric volvió a estar en el centro de la controversia, luego de compartir en sus historias de Instagram un extracto de una entrevista televisiva en la que el vocalista de la banda Candelabro, Matías Ávila, se refirió al presidente José Antonio Kast en duros términos. Consultado en el programa «La Junta Plus» —conducido por Julio César Rodríguez— sobre su confianza en las nuevas generaciones, el músico respondió: «creo mucho en la juventud actual. Sí, creo que no podemos seguir como estamos; está pésimo el país como está. Con el imbécil que nos gobierna, con los imbéciles que nos gobiernan, está pésimo».
Boric no solo compartió el fragmento: lo acompañó de un mensaje explícito de apoyo y celebración hacia la banda: «¡Grandes, Mati, Javi y Franco!», escribió el militante del Frente Amplio, respaldando así, con su propia cuenta y ante sus más de un millón de seguidores, el calificativo dirigido al actual Jefe de Estado.
La reacción oficialista: «conducta indigna»
La respuesta desde el oficialismo fue inmediata y dura. El secretario general del Partido Republicano, Vicente Bruna, calificó la actuación de Boric como impropia de quien ejerció la máxima magistratura del país: «el expresidente Boric confirma que no tiene ningún respeto por la investidura presidencial al compartir mensajes de odio en sus redes sociales, tal como lo hizo cuando modeló la polera de Jaime Guzmán o cuando insultó a los militares de nuestro país. ¡Esto es grave! Es una conducta indigna de quien ejerció la máxima magistratura del país», sostuvo. Bruna fue más allá, apuntando a lo que consideró una contradicción de fondo: «Boric pretende presentarse como defensor de la convivencia democrática, pero comparte y celebra un mensaje de odio contra el presidente Kast. Ese doble estándar es inaceptable. La democracia se defiende también cuando gobierna el adversario».
El diputado José Antonio Kast Adriasola, hijo del Presidente y miembro de la bancada republicana, también salió al cruce a través de su cuenta de X, cuestionando el comportamiento del exmandatario con una pregunta directa: «¿Pasar por el gobierno los hizo madurar?». La bancada de diputados de la UDI, encabezada por Flor Weisse y Sergio Bobadilla, sumó su crítica en la misma línea: «es increíble cómo el expresidente Boric pasa de actitudes republicanas a retomar la senda del dirigente estudiantil que insultaba a la autoridad y alentaba tomas y disturbios violentos».
El contraste que pocos mencionan: la dieta vitalicia
Más allá de la polémica puntual, el episodio reabre una pregunta de fondo sobre el estatus que la ley chilena otorga a los expresidentes. Desde que dejó La Moneda el 11 de marzo de este año, Boric —quien tiene apenas 40 años— accede a una dieta vitalicia financiada con recursos públicos, beneficio contemplado en el artículo 30 de la Constitución y regulado por la Ley N°19.672, que establece que quienes hayan ejercido la Presidencia reciben una remuneración equivalente a la dieta de un senador. Según cifras de la Ley de Presupuestos 2026 y datos del propio Senado, Boric percibe un sueldo bruto cercano a los $7,3 millones mensuales, monto que —al sumar asignaciones para oficina, personal de apoyo y traslados— puede alcanzar hasta $17,6 millones mensuales, cifra que rige desde este año y que se financia, cabe precisarlo, con cargo al presupuesto del Senado.
Se trata de un beneficio vitalicio: continuará percibiéndolo de manera indefinida, en un país donde la edad legal de jubilación es de 60 años para las mujeres y 65 para los hombres, y donde gran parte de los pensionados recibe montos muy inferiores. El propio mecanismo ha sido objeto de proyectos de reforma en el Congreso —al menos seis mociones distintas buscan reducirlo o eliminarlo, según registra la Biblioteca del Congreso Nacional—, sin que ninguno haya prosperado hasta ahora.
La pregunta de fondo
El contraste entre ambos hechos —un beneficio estatal vitalicio y de alto monto, sostenido precisamente por el prestigio institucional que representa haber ejercido la primera magistratura, y la decisión de amplificar públicamente un insulto contra quien hoy ocupa ese mismo cargo— es lo que ha alimentado buena parte de la indignación oficialista de estos días. La pregunta que plantean sus críticos no es menor: ¿resulta coherente que quien goza de por vida de los privilegios asociados a la investidura presidencial sea, al mismo tiempo, quien celebra públicamente que se falte el respeto a esa misma investidura, ahora ocupada por otra persona?
No es la primera vez
El episodio se suma, además, a un patrón que el propio Partido Republicano ha señalado en ocasiones anteriores: la actividad de Boric en redes sociales ya había generado controversia en el pasado, como cuando usó una polera con la imagen de Jaime Guzmán en un contexto que fue interpretado como una provocación, episodios que sus críticos utilizan para argumentar que se trata de un comportamiento reiterado más que de un hecho aislado.
Lo que viene
Hasta el cierre de esta nota, Boric no se había pronunciado públicamente para responder a las críticas del oficialismo ni había eliminado la publicación de sus redes sociales. El episodio seguirá probablemente alimentando el debate sobre los límites del rol público que deben mantener los expresidentes de Chile, en momentos en que la discusión sobre la dieta vitalicia que reciben también permanece abierta en el Congreso.