CERO PROPUESTAS, CERO RESULTADOS, CERO VERGÜENZA: ASÍ HA «TRABAJADO» MANOUCHEHRI LOS PRIMEROS 82 DÍAS DE GOBIERNO

Daniel Manouchehri lleva 82 días siendo la figura más ruidosa de la oposición chilena. En ese tiempo no ha propuesto nada. No ha construido nada. No ha aportado nada. Pero sí ha denunciado a la Primera Dama por servir almuerzo sin guantes, comparado al ministro de Hacienda con los Chicago Boys de la dictadura, acusado a Quiroz de colusión sin pruebas y liderado el «tsunami» de indicaciones que intentó paralizar la reconstrucción de las familias que perdieron sus casas en los incendios. Eso no es hacer oposición. Es hacer daño.

El 12 de marzo de 2026, un día después del cambio de mando, la Primera Dama María Pía Adriasola recorrió las dependencias de La Moneda saludando a los funcionarios. En el casino, espontáneamente, se sumó a servir los almuerzos. Un gesto humano, cercano, sin protocolo. Las imágenes se viralizaron.

Esa misma tarde, el diputado Daniel Manouchehri (PS) ya tenía listo su oficio para la Contraloría. «La Moneda no es un fundo», escribió en X. «La manipulación de alimentos exige guantes, mascarilla y cubre pelo.»

Había comenzado el show.

El almuerzo que nunca fue un problema: Contraloría le dice «no» a Manouchehri

Dos meses y una semana después, la Contraloría General de la República emitió su dictamen. El organismo encabezado por Dorothy Pérez concluyó en el dictamen D292/2026 que «no se advierte algún reproche de juridicidad» en contra de Adriasola.

Los argumentos son contundentes. La participación de la Primera Dama «no implicó una intervención en el proceso de elaboración o preparación de los alimentos, sino que correspondió únicamente a una colaboración puntual en la etapa final del servicio», sin contacto «con las fases críticas del proceso productivo ni con labores de manipulación que pudieran afectar condiciones higiénicas o sanitarias.»

Derrota total para Manouchehri. Pero hay algo que va más allá de la derrota política. Al final de su resolución, la contralora Dorothy Pérez hace un velado reproche a Manouchehri recordando la cantidad de recursos humanos que deben desplegar en su organismo para responder a oficios como este.

Dicho en palabras simples: la contralora le recordó al diputado que Contraloría tiene cosas más importantes que hacer. Y que sus recursos son escasos y valiosos. Y que usarlos para investigar si la Primera Dama sirvió ensalada sin guantes no es exactamente un uso eficiente del dinero de los chilenos.

El diputado republicano Alejandro Riquelme lo dijo sin rodeos: «Invito al diputado opositor a tomar una actitud más constructiva y no pasar los próximos años en las oficinas de Contraloría. Tiene el legítimo derecho a no estar de acuerdo con el programa de gobierno, pero eso no significa que la Contraloría malgaste recursos públicos y tiempo valioso de sus funcionarios para investigar acusaciones sin fundamento del diputado socialista, que por demás, lo hace con el dinero de todos los chilenos.»

El mismo patrón: acusar fuerte, probar nada

El episodio de la Primera Dama no es una excepción en la trayectoria de Manouchehri. Es un patrón. Y está documentado.

Cuando la Ley de Reconstrucción comenzó su tramitación en la Comisión de Hacienda, Manouchehri convirtió cada sesión en un escenario. En plena sesión de Sala acusó que el gobierno quería repetir la «teoría del chorreo» y fue directamente contra Quiroz: «Chile ya lo vivió hace 50 años en la dictadura con los Chicago Boys que prometieron exactamente lo mismo. El ministro que diseñó todo esto se llama Quiroz.»

Cuando quiso atacar al ministro por una supuesta omisión en su declaración de intereses, disparó en redes: «El ministro Quiroz tiene que rectificar su declaración. Esta denuncia podría comprometer sus deberes constitucionales de probidad. Es muy serio. Su hermano es socio de una firma inmobiliaria activa, con proyectos y vínculos con grandes constructoras. Y él dejó en blanco el campo de conflictos de interés. En blanco.»

El patrón tiene nombre y fue descrito con precisión por Ex-Ante tras revisar su trayectoria completa: «Su estilo es lanzar graves denuncias y declararse víctima de conspiraciones de ‘los poderosos’ cuando es criticado. Pero no menciona nombres ni exhibe evidencias para respaldar sus dichos.»

Tres acusaciones. Tres veces sin pruebas. Y cada vez que lo confrontan, el mismo movimiento: victimizarse y acusar que hay una conspiración en su contra.

El «tsunami» que hundió a los damnificados: 2.500 indicaciones para bloquear las casas de los incendios

Manouchehri no actuó solo. Fue parte de una estrategia colectiva que la propia oposición se encargó de revelar públicamente, sin vergüenza y sin filtros.

En un podcast, los diputados Jaime Araya, Consuelo Veloso y Marcos Barraza anunciaron su plan con la precisión de un general antes de la batalla. Araya fue el más explícito: «No es una inundación, ya estamos en un tsunami, un maremoto. Estamos haciendo el trabajo que nadie ve, que va a ser un sufrimiento para el Gobierno.»

Lo que no mencionaron es que ese «trabajo que nadie ve» tenía consecuencias muy concretas para chilenos muy reales. La Ley de Reconstrucción no es solo una reforma tributaria. Es el vehículo legal que financia la reconstrucción de más de 4.000 viviendas para las familias que lo perdieron todo en los incendios de Valparaíso, Ñuble y Biobío. Cada semana de obstruccionismo es una semana más que esas familias esperan su casa.

El Presidente Kast reaccionó con claridad: «Los proyectos siempre se pueden mejorar, pero cuando el objetivo es destruir y hacer daño, eso se hace muy difícil.»

¿Y cuál fue el resultado de todo ese «tsunami»? Las indicaciones, en su mayoría, cayeron. El proyecto siguió su tramitación. Y nadie salió de esa maratón con un relato político más claro que el que tenía al entrar. Sesiones hasta la medianoche. Funcionarios trabajando de madrugada. Recursos del Congreso gastados. Y el resultado: cero.

La ley fue aprobada igual. Con 90 votos.

La oposición que sí aporta: el contraste que Chile necesita ver

Pero sería injusto pintar a toda la oposición con el mismo pincel. Porque en el mismo Congreso donde Manouchehri hace el show, hay parlamentarios que eligen un camino distinto.

El Socialismo Democrático ha dejado abierta la puerta al diálogo incluso cuando vota en contra. El senador Juan Luis Castro fue claro: «Naturalmente, habrá que ver los límites, los umbrales de esa conversación y el ánimo que tenga el gobierno.» El subjefe de la bancada PPD, Héctor Ulloa, lo resumió con una frase que define lo que debería ser la oposición: «Nuestra bancada es seria, propositiva e independiente. Nuestras decisiones jamás responden a ningún partido o influencia externa, sino que a nuestras propias convicciones.»

Desde la Democracia Cristiana, el senador Iván Flores también ha mantenido un tono diferente: critica sin bloquear, propone sin destruir.

El gobierno ya abrió esa puerta. El biministro Alvarado llamó al Socialismo Democrático a presentar propuestas concretas en materias como Sence y crédito al empleo, y sostuvo que el Ejecutivo está disponible para extender los tiempos si eso permite llegar a acuerdos.

Esa es la oposición que Chile necesita. La que discrepa con argumentos, negocia con propuestas y prioriza el bien común por sobre el rendimiento en redes sociales. La que entiende que gobernar y fiscalizar son dos cosas distintas, pero que ambas requieren responsabilidad.

La pregunta que Manouchehri debería responder

Contraloría le dijo que no en el caso de la Primera Dama. Quiroz no ha sido formalmente imputado por ninguno de sus cargos. La Ley de Reconstrucción fue aprobada pese al tsunami. Y el ministro de Hacienda sigue trabajando.

En todo ese tiempo, ¿qué propuso Manouchehri? ¿Qué ley presentó? ¿Qué proyecto concreto impulsó para mejorar la vida de los chilenos que él dice representar?

La respuesta, hasta ahora, es que no hay respuesta. Solo más show. Más denuncias. Más acusaciones. Y la misma Contraloría, con los mismos funcionarios públicos, respondiendo cada nuevo oficio con el dinero de todos nosotros.

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