Basado en la columna «El reseteo de Kast», de Patricio Navia, publicada en El Líbero.
Hay momentos en la política que parecen derrotas y terminan siendo victorias. El cambio de gabinete del 19 de mayo fue, en apariencia, la imagen más débil del gobierno de José Antonio Kast: el Presidente que más rápido cambió ministros desde el retorno a la democracia en 1990. La oposición lo celebró. Los analistas lo cuestionaron. Y sin embargo, según el politólogo Patricio Navia en su columna publicada en El Líbero, esa jugada arriesgada terminó siendo exactamente lo que el gobierno necesitaba.
Los números le dan la razón. La aprobación de Kast subió al 43%, la desaprobación cayó y el centro político, el verdadero árbitro de la democracia chilena, se movió 15 puntos en dirección al gobierno en dos semanas. No es casualidad. Es el resultado de una corrección de rumbo que Navia describe con una palabra precisa: reseteo.
El costo que terminó siendo una inversión
El cambio de gabinete no fue una decisión fácil. Sacar a la ministra de Seguridad a 69 días de gobierno, en el área más sensible de la campaña presidencial de Kast, era exponerse a la crítica más obvia: que el Presidente no había sabido armar su equipo.
Navia lo reconoce sin eufemismos en su columna: cambiar ministros tan temprano «inevitablemente alimenta dudas sobre qué tan bien el Mandatario planificó su equipo de gobierno.» Pero también identifica con claridad por qué era peor la alternativa de una vocera que no comunicaba bien, y de un ministerio que generaba más noticias por sus errores que por sus logros. Kast eligió el dolor de corto plazo para evitar el daño de largo plazo.
Y funcionó.
El discurso que encontró la voz del gobierno
El complemento del cambio de gabinete fue la Cuenta Pública del 1 de junio. Navia la describe como «disciplinadamente centrada en la seguridad y en la agenda de reformas económicas, en un marco de medidas de sentido común que despiertan amplio apoyo ciudadano.»
El análisis apunta a algo que es más importante que cualquier cifra de aprobación: el gobierno de Kast encontró su tono. Dejó atrás el discurso agresivo y confrontacional que generó tanto ruido en los primeros meses. Y lo reemplazó por algo más poderoso y más difícil de atacar: el sentido común.
Según Navia, Kast «volvió a posicionarse como el presidente de derecha, conservador y razonable, disciplinado y promotor del sentido común por el que los chilenos mayoritariamente votaron en la segunda vuelta.» No es retórica. Es la descripción exacta de por qué el 58% lo eligió. No por radicalismo, sino por la promesa de gobernar con cordura, orden y responsabilidad.
La paradoja que favorece al gobierno
El análisis de Navia identifica un elemento clave que potencia el reseteo de Kast: el comportamiento de la oposición. Mientras el gobierno baja el tono y habla desde el sentido común, la izquierda sube el suyo con movilizaciones callejeras, discursos agresivos y proyectos como el que busca derogar la Ley Naín-Retamal.
El contraste no podría ser más favorable para el gobierno. Un presidente que habla de diálogo, de reformas consensuadas y de responsabilidad fiscal, frente a una oposición que convoca marchas que terminan con bombas Molotov y que quiere quitarle garantías legales a Carabineros. Chile ve a ambos y elige.
Navia lo dice con la precisión del analista que no se deja llevar por el ruido: «Mientras la izquierda empieza a demostrar su fuerza con movilizaciones callejeras y con discursos agresivos y verbalmente violentos, el gobierno de Kast parece comenzar a encontrar su voz en un discurso tranquilo, firme y decidido en defensa de la ley y el orden.»
La advertencia que el gobierno no puede ignorar
Navia no escribe una columna de autocomplacencia. Junto con reconocer el reseteo exitoso, advierte que nada garantiza que el gobierno no vaya a tropezar de nuevo. Los «errores no forzados» y los «vientos adversos» de la política y la economía internacional son factores reales que pueden alterar cualquier tendencia positiva.
La advertencia es también una hoja de ruta implícita. Para que el reseteo se consolide, el gobierno debe mantenerse en el camino de las reformas consensuadas, responsables y focalizadas en el crecimiento. Si vuelve al discurso confrontacional, si comete errores evitables, si pierde el tono que encontró con la Cuenta Pública, el efecto se diluye.
El gobierno de Kast tiene hoy algo que no tenía hace un mes: momentum. Y el momentum, en política, hay que alimentarlo con resultados concretos.
La conclusión que Chile debe leer
Navia cierra su columna con una frase que los propios líderes de oposición suelen decir sin creerla del todo: «Cuando al gobierno le va bien, a Chile le va bien.»
Es una verdad incómoda para quienes han apostado su estrategia política al fracaso del gobierno. Pero es también la mejor brújula disponible para evaluar lo que está ocurriendo: un Presidente que corrigió el rumbo, que encontró su voz, que subió 7 puntos en dos semanas y que tiene por primera vez el viento a favor en el debate legislativo.
El reseteo ocurrió. El desafío ahora es que sea el inicio de un patrón y no solo un buen mes.