Siete conceptos para entender cómo la izquierda chilena pasó del estallido al fracaso — y qué debería aprender la derecha de esa historia

La siguiente nota está basada en la columna «El Dieciocho Brumario de Gabriel Boric», publicada por María José Naudon en La Segunda.

Hay libros que se escriben para ganar y hay libros que se escriben para comprender. El Dieciocho Brumario de Gabriel Boric, del exministro y militante de izquierda Jorge Insunza, pertenece a la segunda categoría — y eso, en la cultura política chilena, no es poca cosa.

La columna que María José Naudon publicó esta semana en La Segunda lo analiza con una lucidez que va más allá del libro mismo. Naudon identifica siete conceptos a través de los cuales Insunza intenta hacer lo que su sector raramente hace: explicar una derrota sin anestesia, sin victimismo y sin la autocrítica genérica que declara haber aprendido sin precisar jamás qué se hizo mal.

La derrota que la izquierda no supo leer

El primer y más importante argumento de Insunza es la distinción entre tipos de derrota. No fue solo electoral. No fue solo política. Fue, sostiene el exministro, una derrota estratégica. La izquierda chilena perdió el vínculo con los sectores populares y de clase media que alguna vez creyó representar, y cometió el error de interpretar ese quiebre como un episodio circunstancial cuando expresaba una fractura mucho más profunda.

El origen de ese error, según el libro, estuvo en octubre de 2019. La izquierda creyó ver en el estallido social el nacimiento de una nueva hegemonía popular. En realidad, lo que había era una crisis de legitimidad del orden anterior — no necesariamente la eclosión de uno nuevo. Confundir el derrumbe de un sistema con la instalación de otro fue, en palabras del propio Insunza, el pecado original del ciclo que culminó con la llegada de Kast a La Moneda.

El poder no se declara: se construye

Una de las tesis más provocadoras del libro, según Naudon, es la distinción entre discurso y poder. La izquierda de ese ciclo confundió argumento con fuerza, opinión con influencia, declaración con proyecto. Olvidó que el poder no se proclama: se construye con votos, con instituciones, con liderazgo, con legitimidad y con lectura fina de la realidad.

A eso se sumó lo que Insunza llama voluntarismo. La política de las convicciones terminó desplazando la pregunta por las condiciones efectivas para gobernar. Transformar exige convicción, sí — pero también oportunidad, conducción y sentido de realidad. Sin esos elementos, la convicción sola produce frustración y no transformación.

Atrapada en la nostalgia

Insunza apela a una frase del Dieciocho Brumario de Marx — el texto que da nombre a su libro — para describir el error final. Las revoluciones no pueden sacar su poesía del pasado, sino del porvenir. Su diagnóstico es que buena parte de la izquierda chilena quedó atrapada buscando en símbolos y referentes anteriores una legitimidad que el presente exigía construir de manera completamente distinta.

El espejo que también apunta a Kast

La columna de Naudon termina con el giro más interesante del análisis. Aunque el libro habla de la izquierda, su lección también interpela a la derecha. Si el gobierno de Kast confunde el resultado de una elección con adhesión duradera, o reduce su proyecto a la crítica del ciclo anterior sin construir uno propio con suficiente densidad, podría incurrir en el mismo error que el libro describe con tanta precisión.

El aviso es claro. Una derrota no comprendida se repite como destino. Pero una victoria no comprendida puede volverse, con el tiempo, exactamente lo mismo.

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