«No fue una derrota»: Jadue reescribe la historia del Rechazo ante estudiantes de la UDP

Un conversatorio realizado el lunes en la Universidad Diego Portales (UDP), donde el exalcalde de Recoleta Daniel Jadue compartió escenario con el histórico dirigente de ultraizquierda Eduardo Artés, terminó exponiendo una serie de contradicciones que van desde la relectura de derrotas electorales hasta la defensa abierta de regímenes autoritarios como democracias.

«No fue una derrota»

El encuentro, que se extendió por cerca de dos horas ante unos 200 estudiantes que casi colmaron el anfiteatro de la UDP, dejó una de las frases más llamativas de Jadue en mucho tiempo. Consultado sobre el fracaso del proceso constituyente, el dirigente comunista se negó categóricamente a reconocerlo como tal. «No fue una derrota», sostuvo, pese a que la propuesta de la Convención Constitucional fue rechazada el 4 de septiembre de 2022 por un 61,86% de los votos, frente a un 38,14% que respaldó el Apruebo. Su argumento fue este: «Votaron por el Apruebo más personas que ningún candidato presidencial. Y quedamos con un texto para el futuro».

La frase no explica por qué una propuesta impulsada por buena parte de la izquierda fue rechazada por una mayoría contundente; simplemente redefine el significado del resultado. Es un patrón que atravesó buena parte del conversatorio: las derrotas políticas, para Jadue y Artés, no son derrotas, sino episodios dentro de «una lucha más larga».

Desafiando a su propia audiencia

Jadue no se guardó dardos ni siquiera para el público que tenía enfrente. Ante los estudiantes de la UDP, aseguró que «la universidad es un espacio absolutamente inútil para el trabajo político», generando sorpresa entre los asistentes. La misma lógica aplicó a las redes sociales. Pese a jactarse de tener cientos de miles de seguidores en Twitter, sostuvo que eso no sirve para conquistar la «conciencia de clase», ya que la verdadera batalla, según él, ocurre en las poblaciones y los sindicatos. La contradicción es evidente: usa activamente esas mismas redes que dice despreciar, y buena parte de su liderazgo público se ha construido justamente a través de ellas.

Democracias que no son democracias

El pasaje más controvertido del conversatorio llegó cuando ambos dirigentes defendieron regímenes autoritarios calificándolos como democracias. Artés sostuvo que la dictadura teocrática de Irán «era una democracia», mientras que Jadue hizo lo mismo respecto de Cuba. El propio Artés relató, entusiasmado, sus viajes como mucho medios caracterizaron como un «turista revolucionario» por Teherán, Corea del Norte y Albania.

Esto no es nuevo en Artés. En entrevistas anteriores ya había calificado a Corea del Norte como una «democracia popular plena», llegando a afirmar que «en Chile hay más violaciones a los derechos humanos fundamentales que en Corea del Norte», y en julio de este año envió públicamente un «abrazo fraterno» a Kim Jong-un por el aniversario de ese país. Su explicación sobre la ausencia de oposición política en el régimen norcoreano ha sido, literalmente, que «no hay intereses contradictorios» en esa sociedad.

Amenazas de bomba: entre la preocupación real y la teoría conspirativa

Uno de los momentos que revela con mayor claridad la desconexión entre estos dirigentes y las preocupaciones reales de los estudiantes ocurrió cuando el público preguntó directamente por las amenazas de bomba y de masacres que han afectado a universidades y colegios durante este año —el mismo fenómeno que hemos documentado extensamente en casos como el del Instituto Nacional, la Usach o el Grupo de Acción Popular—. Lejos de abordar la preocupación con seriedad, Artés respondió con una teoría conspirativa: calificó las amenazas como «una vieja táctica destinada a generar miedo y paralizar al movimiento popular», y remató preguntando «¿a quién sirve eso?». Ninguno de los dos ofreció una respuesta concreta a estudiantes que preguntaban con genuina inquietud por su propia seguridad.

Ni siquiera la izquierda extrema se salva de reconocerlo

Lo más revelador quizás sea que las contradicciones de Jadue no solo las señala la prensa: las reconoce su propio aliado ideológico. Consultado meses atrás sobre si prefería a Jeannette Jara o a Daniel Jadue, el propio Artés respondió con notable honestidad: «Daniel sigue siendo PC, tiene sus contradicciones, sus cosas», evitando pronunciarse por ninguno de los dos. En esa misma entrevista, Artés también acusó al gobierno de Gabriel Boric —que integra al PC de Jadue— de no cumplir su propio programa, calificándolo de «aguachento», y cuestionó la cercanía de Boric con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski como una contradicción para una coalición que incluye al Partido Comunista.

Un patrón que se repite desde 2021

Las inconsistencias entre Jadue y el liderazgo de su propio sector no son nuevas. Durante la campaña presidencial de 2021, Jadue acusó públicamente a Boric y al Frente Amplio de ser responsables de que existieran «presos políticos» en Chile, tras la aprobación de la Ley Antibarricadas en el Congreso —acusación que el propio Boric calificó de «caricatura» y «falsa»—. Días después, sin embargo, Jadue se desmarcó por completo de la polémica que él mismo había generado y escribió en redes sociales: «Mi compromiso está intacto para asegurar el triunfo de Gabriel Boric y Apruebo Dignidad en noviembre». El vaivén —acusación grave seguida de reconciliación pública casi inmediata— se ha repetido en distintas versiones a lo largo de los años, incluyendo la reunión de las dirigencias de Apruebo Dignidad en julio de 2021, convocada específicamente para «limar asperezas» después de que Jadue rompiera el «fair play» de la campaña.

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