El quiebre de Thayer con el Frente Amplio expone las fracturas internas de la izquierda

Un quiebre que se veía venir

El exdirector del Servicio Nacional de Migraciones (Sermig), Luis Eduardo Thayer, formalizó el pasado viernes 14 de agosto su renuncia a la militancia del Frente Amplio, presentando el trámite ante el Servel apenas antes de que comenzara el proceso de elecciones internas del partido. La salida no fue silenciosa: Thayer acompañó su decisión con un duro mensaje dirigido a la dirigencia y a la militancia frenteamplista, enviado a través de un grupo de WhatsApp que comparte con personeros de la colectividad.

La acusación central: lo dejaron solo en su peor momento

El eje del reclamo de Thayer es directo. Acusa a la dirigencia del FA de haberlo abandonado en medio de la peor crisis política que ha enfrentado en su carrera. Esa crisis se desató semanas atrás, cuando Thayer quedó «en el ojo del huracán» tras conocerse la pérdida del rastro de un grupo de niños haitianos que ingresaron al país mientras él estaba a cargo de Migraciones, en el marco de procesos de reunificación familiar con tramitación irregular. La particularidad del episodio es que Thayer fue enjuiciado públicamente desde dos frentes simultáneos: tanto desde el Gobierno de José Antonio Kast como desde su propio sector. Según reconstruyó La Tercera, fue él mismo quien debió llevar adelante su defensa ante los medios de comunicación, y lo hizo, en sus propias palabras, «en soledad».

La frase que resume su quiebre con el partido

En el mensaje que envió antes de renunciar, Thayer fue especialmente crítico con la cultura interna del Frente Amplio: «a veces creo que a este partido le falta vieja política, la que con todos sus ripios se para desde la fraternidad y el atrincheramiento con los suyos. Esta falta me inmoviliza para poder proyectarme dentro del partido», escribió. La frase resulta particularmente incisiva viniendo de una de las figuras que ayudó a construir la identidad del FA como una fuerza que se presentaba, precisamente, como una alternativa a la «vieja política» de los partidos tradicionales chilenos.

El contraste que más duele: la ayuda vino de otros partidos

Thayer fue todavía más específico al señalar de dónde sí recibió respaldo durante su momento más difícil, marcando un contraste incómodo para su propio sector. Según su relato, quienes lo llamaron para ofrecerle ayuda real no fueron dirigentes de su propio partido, sino gente del Partido Socialista, compañeros del Partido Comunista e incluso dirigentes de la Democracia Cristiana. La ironía es evidente: el FA, nacido para diferenciarse de esas colectividades «tradicionales», terminó siendo el único sector que le dio la espalda en su momento de mayor exposición pública.

El origen técnico de la crisis: un memorándum que excedió sus atribuciones

El trasfondo judicial de la crisis tiene nombre y apellido: la contralora Dorothy Pérez expuso ante la Comisión de Gobierno Interior de la Cámara los resultados de una auditoría que determinó que Thayer se atribuyó facultades «colegisladoras» al margen de la ley, al emitir un memorándum que permitía a ciudadanos haitianos presentar documentos sin legalizar. Thayer defendió esa decisión sosteniendo que actuó dentro de sus atribuciones y velando por «el interés superior del niño»; sin embargo, Contraloría ordenó la apertura de un procedimiento disciplinario en su contra, en una sesión donde el propio Thayer estuvo sentado a solo dos puestos de la contralora, debiendo escuchar en persona las observaciones a su gestión.

Un patrón que no es nuevo: aislamiento incluso durante su propio gobierno

Lo ocurrido esta semana no es, en rigor, un episodio aislado. A lo largo de sus cuatro años al frente de Migraciones, Thayer enfrentó cuestionamientos recurrentes que, en más de una ocasión, provinieron también desde dentro de su propia coalición de gobierno. En 2023, por ejemplo, el entonces diputado independiente-PPD Jaime Araya exigió públicamente su renuncia por la demora en la reconducción de migrantes hacia Bolivia, calificando sus explicaciones de «vergonzosas» y «patéticas». Ese mismo año, tras la cancelación de un vuelo de expulsión hacia Venezuela con 60 migrantes a bordo, Thayer debió salir a aclarar la situación después de que la entonces ministra del Interior, Carolina Tohá, y el entonces subsecretario Manuel Monsalve entregaran versiones contradictorias sobre lo ocurrido, dejando a Thayer nuevamente expuesto en soledad frente a la prensa.

Una crítica que también llegó desde la sociedad civil

El malestar hacia la gestión de Thayer no se limitó al ámbito político-partidario. En junio de este año, un integrante del Consejo de la Sociedad Civil del Sermig (COSOC) publicó una carta abierta en The Clinic responsabilizando directamente tanto a Thayer como al entonces ministro del Interior, Álvaro Elizalde, por lo que describió como una confusión entre «procedimiento» y «protección» en el trato a menores migrantes vulnerables, acusando que ninguno de los dos dio respuesta concreta a solicitudes como la suspensión de expulsiones hacia Venezuela y Haití.

Lo que revela este episodio sobre el Frente Amplio

Más allá del caso puntual de Thayer, su salida deja una imagen incómoda para el Frente Amplio en un momento en que el partido ya enfrenta un proceso de redefinición interna. La acusación de un exdirector de gobierno —una de las figuras técnicas más visibles de la administración Boric en materia migratoria— sobre la falta de «fraternidad» y respaldo interno cuestiona, precisamente, uno de los pilares identitarios con que el FA se presentó desde su fundación: la promesa de una forma distinta, más solidaria y menos calculadora, de hacer política.

Lo que viene

Con la renuncia ya formalizada y el procedimiento disciplinario de Contraloría en curso, Thayer queda al margen de la militancia activa. Su salida se suma a una serie de episodios que, en las últimas semanas, han expuesto tensiones y fracturas dentro de la izquierda chilena, en momentos en que el sector busca reposicionarse frente a una ciudadanía que, según las últimas mediciones de opinión pública ya revisadas en esta cobertura, respalda mayoritariamente el enfoque de seguridad y migración del actual Gobierno.

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