Canciller confirma que embajador de EE.UU. se comprometió a entregar información sobre el estallido: irá a la Fiscalía

La controversia por las declaraciones del embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, sobre el origen del estallido social de 2019 sumó esta semana dos nuevos elementos: las dudas planteadas por el expresidente Eduardo Frei sobre la espontaneidad de esas protestas, y el resurgimiento de un antecedente de 2021 sobre el interés que un líder de la guerrilla colombiana ELN tenía en los sucesos chilenos.

El compromiso de Judd y la gestión de Cancillería

Como ya informamos, el canciller Francisco Pérez Mackenna confirmó que el embajador Judd se comprometió a entregar los antecedentes que aseguraba manejar sobre el origen de la violencia de octubre de 2019, tras ser citado a la Cancillería. «No hemos recibido la información, la hemos solicitado formalmente (…) una vez que la Cancillería reciba la información, ésta será derivada a la Fiscalía Nacional y a los organismos competentes», señaló el ministro. Judd, por su parte, moderó su versión original: reconoció que la embajada «no tiene ninguna investigación ni documentos» propios sobre el estallido, y que su afirmación se basaba en un análisis de fuentes abiertas —Congreso, académicos y policías chilenos—, no en inteligencia clasificada.

Las dudas de Frei

En medio de esta controversia, el expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle se refirió este miércoles al origen del estallido durante un seminario de AthenaLab sobre «Identidad y Cohesión Nacional», realizado en el Centro Cultural Palacio La Moneda. Frei fue enfático en cuestionar que las protestas hubiesen surgido de manera completamente espontánea: «Yo no creo que esto fue natural ni nada. No creo nada (…) algún día se va a conocer esa verdad», declaró.

El exmandatario sustentó su duda en el contexto económico previo al estallido: «Con el estallido teníamos los ingresos per cápita más altos de Latinoamérica, los niveles de pobreza más bajos que nunca habíamos tenido». Además, reveló que el expresidente colombiano Iván Duque le había advertido a Sebastián Piñera, en marzo de 2019, sobre movimientos de grupos políticos organizándose para manifestarse en la región, antecedente que —según Frei— aparece documentado en el libro «Sebastián Piñera Echenique: En 50 voces globales». Es importante precisar que Frei evitó pronunciarse directamente sobre los dichos de Judd: «yo no soy comentarista de ningún embajador», aclaró a su salida.

El antecedente de 2021: el líder del ELN y el interés en las protestas chilenas

En este contexto volvió a circular un reportaje de T13 publicado el 4 de febrero de 2021, que reveló que los servicios de inteligencia de Colombia habían compartido con sus pares chilenos comunicaciones encontradas tras el operativo militar «Odín», en el que el 25 de octubre de 2020 fue abatido en la selva del Chocó Andrés Felipe Vanegas Londoño, alias «Uriel», jefe del frente de guerra occidental del Ejército de Liberación Nacional (ELN) —guerrilla colombiana distinta de las FARC—.

Junto al cuerpo de «Uriel» se hallaron cerca de dos millones de archivos digitales, entre ellos comunicaciones con la plana mayor del ELN y contactos en Sudamérica sobre distintos temas, incluyendo, según reveló en su momento la revista colombiana Semana, referencias a las protestas masivas en Chile que derivaron en el acuerdo por el plebiscito constitucional. Según esa publicación, «Uriel tenía un interés especial en seguir de cerca la protesta social en Chile, y mantenía comunicación permanente con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez». Uno de sus mensajes, citado textualmente por T13, especulaba sobre un eventual desenlace político: «Es muy probable que la salida sea un nuevo pacto interburgués con la clase media (…) que podría llegar incluso hasta la renuncia de Piñera si la rebelión nacional se extiende varios días más».

Según fuentes de Gobierno citadas por T13 en su momento, la información colombiana apuntaba a un supuesto plan denominado «Hermes», orientado a «infiltrar organizaciones y agudizar las protestas» en distintos países de la región, no exclusivamente en Chile.

Qué muestra realmente este antecedente

Es fundamental precisar el alcance real de este reportaje, dado que ha circulado de forma imprecisa. Lo que documentan los archivos del ELN es el interés y la comunicación de un jefe guerrillero colombiano con organizaciones chilenas ya existentes (MIR y FPMR), no una confirmación de que combatientes de esa guerrilla —ni menos de las FARC, que no aparecen mencionadas en este reportaje— hayan participado directamente en los hechos de violencia ocurridos en Chile. Se trata, en definitiva, de un antecedente real y verificado, que documenta observación e interlocución a distancia en territorio chileno.

Un debate que se reabre, sin conclusiones definitivas

El cruce de estos tres elementos —el compromiso aún no cumplido de Judd, las dudas de Frei, y el antecedente de 2021 sobre el interés del ELN en las protestas chilenas— reinstala un debate que Chile arrastra desde hace años sobre el grado de espontaneidad u organización externa detrás del estallido social, sin que hasta el momento exista una conclusión judicial o de inteligencia oficial que zanje la discusión de manera definitiva.

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