Basado en la columna «Excusas agravan la falta», de Michèle Labbé, publicada en El Líbero.
Cuando un gobierno comete errores de administración, tiene dos caminos: reconocerlos y corregirlos, o justificarlos con explicaciones que pocos entienden esperando que nadie se dé cuenta. El gobierno de Gabriel Boric eligió el segundo camino. Y ahora que los números están sobre la mesa, sus exministros están eligiendo el mismo camino para defenderse.
La economista Michèle Labbé lo resumió con precisión brutal en su columna publicada en El Líbero: «Justificar los errores aduciendo a que la deuda no refleja los déficits, porque los metieron bajo la alfombra, sólo nos indica el tipo de administración o des-administración bajo la que estuvimos sumidos cuatro años.»
Vamos por partes. Porque este escándalo merece ser explicado en palabras que cualquier chileno pueda entender.
Primero lo básico: ¿qué es el déficit fiscal y por qué importa?
Imagina que tu sueldo mensual es $1.000.000 pero gastas $1.300.000. Ese déficit de $300.000 tiene que financiarse de alguna forma: o pides prestado, o vendes algo que tienes. Cuando un gobierno gasta más de lo que recauda, pasa exactamente lo mismo: se endeuda. Y esa deuda crece con cada mes que el gasto supera los ingresos.
La regla básica es simple: si el déficit sube, la deuda sube. Siempre. Sin excepción. A menos que alguien haga trampa con los números.
Lo que encontró el gobierno de Kast: tres bombas en un solo informe
El Informe de Finanzas Públicas publicado el lunes 25 de mayo reveló que el escenario heredado era significativamente peor de lo que el gobierno anterior había informado. Labbé lo detalla con precisión en su columna, y los números son devastadores.
Bomba 1: La caja fiscal estaba casi vacía
El gobierno de Kast recibió las arcas del Estado prácticamente sin efectivo disponible. La caja fiscal al 1 de enero de 2026 estaba en un 1% del promedio necesario para operar: solo US$46 millones de los US$4.000 millones con que opera normalmente el gobierno. Para poder pagar las cuentas del primer mes, el nuevo gobierno debió endeudarse, utilizando al menos un 33% del total de capacidad de endeudamiento autorizada por el Congreso para todo el año completo.
En otras palabras: el gobierno de Boric se fue dejando la billetera vacía y el tarjetazo ya casi al límite.
Bomba 2: Ingresos inflados en US$8.000 millones
Desde hace más de dos años, economistas reconocidos, el Congreso, el Consejo Fiscal Autónomo e incluso el Fondo Monetario Internacional advirtieron al gobierno anterior que sus estimaciones de ingresos fiscales estaban sobreestimadas. El gobierno de Boric no corrigió. Siguió presentando proyecciones de ingresos que no se correspondían con la realidad.
El resultado, según lo detalla Labbé en su columna, es que solo en el IFP recién publicado se ajustaron los ingresos esperados para 2026-2030, reconociendo que estaban inflados en US$8.000 millones. Ocho mil millones de dólares de ingresos que nunca iban a llegar, pero que el gobierno anterior usó como base para proyectar su gasto.
Bomba 3: La deuda escondida bajo la alfombra
Esta es la más grave de las tres, y la que explica por qué Grau y Marcel salieron tan rápido a defenderse.
Entre el tercer y cuarto Informe de Finanzas Públicas del gobierno de Boric, el déficit fiscal proyectado para 2026-2030 empeoró drásticamente: pasó de 0,9% a 1,6% del PIB promedio, lo que implica US$15.000 millones adicionales de déficit acumulado. Pero en ese mismo informe, la deuda pública proyectada al 2030 solo subió en US$4.400 millones, no en los US$15.000 millones que debería haber subido si se respeta la aritmética básica.
¿Cómo se explica esa diferencia de más de US$10.000 millones? No se explica. Los números simplemente no cuadran.
Las excusas de Grau y Marcel: terminología técnica para ocultar lo obvio
Ante la revelación de estas inconsistencias, los exministros Grau y Marcel salieron a dar explicaciones. Sus argumentos suenan sofisticados. Pero Labbé los desmonta con matemáticas simples.
Grau sostuvo que la deuda en pesos no depende solo del déficit efectivo, sino también del tipo de cambio, la inflación, el PIB nominal y movimientos bajo la línea. Marcel apoyó esa postura, descartando que existiera un error en las proyecciones.
El problema es que los números no mienten. Para que un incremento del déficit de $13,5 billones se transforme en un incremento de solo US$4.400 millones de deuda pública, el tipo de cambio utilizado en el cálculo debería haber sido de $345 por dólar, en circunstancias que el dólar cotizaba cerca de $900. Nadie usa $345 por dólar para proyectar. Es un supuesto que no tiene ningún sustento real.
Y lo que Labbé llama «movimientos bajo la línea» —el último argumento técnico de los exministros— no es más que una forma sofisticada de describir contabilidad creativa: registrar la deuda de una manera que no aparezca en los indicadores principales. No porque la deuda no exista. Sino para que nadie la vea.
Esconder la deuda bajo la alfombra no la hace desaparecer. Solo hace más difícil verla. Hasta que llega alguien que levanta la alfombra.
Las consecuencias reales para los chilenos
Este debate no es abstracto. Tiene consecuencias concretas en la vida de todas las familias chilenas.
El nuevo IFP corrigió el déficit fiscal proyectado para 2026 desde 1,8% a 2,4% del PIB. Además, la deuda pública podría superar el umbral prudencial de 45% del PIB hacia 2028 de no tomarse medidas correctivas.
Superar ese umbral significa que Chile tendrá que pagar tasas de interés más altas cuando pida prestado al mercado internacional. Tasas más altas significan menos plata disponible para salud, educación, pensiones e infraestructura. No es un problema de economistas. Es un problema de chilenos.
Y mientras tanto, la respuesta de los responsables es decir que los números son correctos, que la metodología es sólida y que el ministro actual «se apresura» en sus conclusiones. Como si los US$10.500 millones fueran un malentendido semántico.
La conclusión de Labbé: las excusas agravan la falta
La economista Michèle Labbé cierra su columna en El Líbero con una frase que lo dice todo y que vale la pena repetir completa: «Las excusas entregadas tanto por el exministro Grau como por el exministro Marcel sólo agravan su falta. Justificar los errores aduciendo a que la deuda no refleja los déficits, porque los metieron bajo la alfombra, sólo nos indica el tipo de administración o des-administración bajo la que estuvimos sumidos cuatro años.»
No es una acusación política. Es una conclusión aritmética. Cuando el déficit sube en $13,5 billones y la deuda solo sube en $4,4 billones, alguien metió algo bajo la alfombra. Y cuando te piden que expliques la diferencia, decir que «el tipo de cambio» y los «movimientos bajo la línea» lo justifican todo, no es una explicación técnica. Es una excusa. Y como dice Labbé, las excusas agravan la falta.
Chile tiene derecho a saber en qué estado estaban realmente sus finanzas. Y tiene derecho a que quienes las administraron mal respondan con algo más que terminología económica diseñada para confundir.