DOS AÑOS DE PROMESAS VACÍAS Y CASAS QUE SE CAEN: EL MINISTRO QUE LLEGÓ A EL OLIVAR A HACER LO QUE NADIE ANTES SE ATREVIÓ

Dos años esperando una casa. Una constructora que construyó mal. Un ministro que llegó, vio los informes, fue donde las familias y tomó la decisión más difícil: demoler lo que estaba mal hecho para construirlo bien. Aunque los tribunales intenten frenarlo. Aunque la empresa lo acuse de «show mediático». Aunque duela.

El megaincendio del 2 de febrero de 2024 arrasó con cientos de hogares en el sector de El Olivar, en las alturas de Viña del Mar. Familias que perdieron todo en una noche. Algunas llevaban décadas pagando su casa. Otras recién habían llegado al barrio. Todas compartieron el mismo dolor y la misma esperanza: que el Estado les devolviera lo que el fuego les quitó.

Dos años después, esa esperanza se había convertido en una pesadilla diferente. Las casas que debían reemplazar a las perdidas estaban siendo construidas mal. Y nadie, hasta que llegó Iván Poduje al Ministerio de Vivienda el 11 de marzo, había hecho nada al respecto.

Lo que heredó Poduje: dos años de inacción y viviendas con fallas estructurales graves

La imagen que encontró el nuevo ministro al llegar al Minvu no era la de una reconstrucción en marcha. Era la de un proceso paralizado, plagado de irregularidades y con casas que, técnicamente, no podían ser entregadas a ninguna familia.

El ministro Poduje fue a terreno, habló con las familias y fue categórico sobre lo que encontró: «Esta fue una reconstrucción desastrosa que nosotros heredamos, dos años donde no se avanzó nada y el poco avance que había se hizo con materiales con los problemas que ya he señalado.»

Los «problemas» a los que se refería no eran menores. Los informes técnicos del Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación de Estructuras y Materiales de la Universidad de Chile detectaron fallas estructurales graves en 170 viviendas del sector, incluyendo problemas de diseño, incumplimientos de la norma sísmica y fallas en materia de seguridad contra incendios.

Dicho de otra manera, las casas construidas para las víctimas de un incendio no resistían el fuego. No cumplían la norma sísmica en uno de los países más sísmicos del mundo. Y nadie, durante dos años de gobierno anterior, había detectado o querido detectar el problema.

El ministro que va a terreno: Poduje cara a cara con las familias

Hay ministros que toman decisiones desde el escritorio. Iván Poduje no es uno de ellos. Cuando llegó la hora de comunicarles a las familias de El Olivar que las casas que llevaban dos años esperando iban a ser demolidas, no mandó a un subsecretario ni a un seremi. Fue él.

El ministro de Vivienda se presentó en el sector de El Olivar en Viña del Mar para reunirse directamente con las personas afectadas por el anuncio de demolición, explicándoles caso a caso la situación y escuchando sus dudas, temores y reclamos.

La conversación no fue fácil. No podía serlo. La incertidumbre y la molestia marcaban el día a día de decenas de familias damnificadas, que llegaban al proceso con preguntas sin respuesta. Sin constructora asignada, sin planos concretos, sin fechas definitivas. Una dirigenta vecinal resumió el estado de ánimo con una frase devastadora: «Estamos en cero y no sabemos nada.»

Poduje escuchó. Y respondió con la verdad que nadie les había dicho antes: que las casas que se estaban construyendo para ellos tenían fallas que las hacían inseguras. Que entregarlas igual habría sido una traición. Que demolerlas era el único camino honesto.

«Nosotros entendemos el dolor de la familia. Esta fue una reconstrucción desastrosa que nosotros heredamos. Estamos trabajando con las familias y explicándoles uno a uno los casos para que puedan entender. La mayoría lo ha aceptado y lo importante ahora es que partamos con su obra definitiva y que sean casas de calidad», declaró el ministro al salir de la reunión.

Lo que se está construyendo: casas mejores que las originales

La decisión de demoler no es el final del proceso. Es el inicio de uno nuevo, y mejor.

Las nuevas viviendas consideran una superficie de 60,8 metros cuadrados, con materialidad definida mediante un proceso participativo con las familias: albañilería en primer nivel y estructura de perfiles de acero galvanizado en segundo nivel. Además, cumplen exigencias térmicas, acústicas y de resistencia al fuego, y consideran entrega con terminaciones y ventanas de termopanel.

El detalle no es menor. Las nuevas casas fueron definidas con las familias. No en una oficina de Santiago. No en una reunión de directivos. Con las personas que van a vivir en ellas. Ese proceso participativo es uno de los elementos que distingue la gestión de Poduje de lo que ocurrió en los dos años anteriores, cuando las familias firmaban papeles sin saber bien qué estaban firmando.

En esta primera etapa se inició la ejecución de trabajos en 12 viviendas del sector El Olivar. Cuatro corresponden a recontratación de obras y ocho a nuevos inicios de obras que atenderán a familias damnificadas cuyas viviendas fueron paralizadas tras la detección de deficiencias graves. El objetivo final es entregar las 356 viviendas comprometidas para todos los damnificados de El Olivar.

La batalla judicial: la constructora que prefiere los tribunales a rendir cuentas

La decisión de Poduje no cayó bien en todos los sectores. La constructora San Sebastián y la entidad patrocinante Social Arquitectura no aceptaron la terminación de sus contratos y respondieron con una ofensiva judicial que busca paralizar las demoliciones.

Son nueve los recursos de protección ingresados a la Corte de Apelaciones de Valparaíso contra el ministro Poduje, incluyendo recursos presentados por la constructora San Sebastián y Social Arquitectura.

La respuesta de la empresa ante el inicio de las primeras demoliciones fue calificar la acción de Poduje como un «show mediático». El seremi de Vivienda de Valparaíso, Marcelo Ruiz, respondió con una frase que sintetiza perfectamente la postura del ministerio: «Demoler también es proteger. Sabemos que demoler duele. Sabemos que esperar más, también duele. Pero más grave sería entregar una vivienda nueva con deficiencias estructurales, parches o dudas sobre su seguridad. El deber del Estado es proteger familias, no defender errores.»

Mientras las empresas pelean en los tribunales, el Minvu contraatacó en el mismo terreno. El propio ministro Poduje presentó querellas contra la Constructora San Sebastián Ltda. y Social Arquitectura ante el Ministerio Público por eventuales delitos. Estos antecedentes ya están bajo el análisis de la Fiscalía y del Consejo de Defensa del Estado.

En otras palabras: la constructora demandó al ministerio. El ministerio la demandó de vuelta. Y mientras los abogados trabajan, las excavadoras también.

El perfil de un ministro que hace las cosas diferente

Iván Poduje no es el perfil típico de ministro de Estado. Arquitecto de profesión, urbanista de vocación y comentarista de largo aliento sobre los problemas de las ciudades chilenas, llegó al Minvu con una convicción que pocos en el mundo político comparten: que la vivienda no es un número en una planilla, sino el lugar donde una familia construye su vida.

Esa convicción explica por qué fue él mismo a El Olivar. Por qué habló familia por familia. Por qué tomó la decisión políticamente incómoda de demoler casas casi terminadas en lugar de entregarlas mal hechas y lavarse las manos. Y por qué, cuando la constructora lo acusó de hacer un «show», respondió con querellas y con excavadoras.

Al ser consultado sobre si tomarán acciones judiciales contra la constructora San Sebastián, el ministro Poduje sostuvo: «Vamos a ejercer todo el peso de la ley sobre estas dos empresas.»

No es un show. Es un ministro haciendo su trabajo.

Lo que las familias de El Olivar merecen saber

Para las familias que llevan más de dos años esperando su casa, el panorama actual es más claro que hace tres meses, aunque no menos doloroso.

Las malas noticias: habrá que esperar más. Las demoliciones llevan tiempo. La construcción de las nuevas viviendas lleva tiempo. Los tribunales pueden ralentizar el proceso.

Las buenas noticias: por primera vez en dos años, hay un ministro que fue al barrio, que los escuchó, que les explicó la situación cara a cara y que está haciendo lo necesario para que las casas que reciban sean seguras, dignas y construidas para durar. No parches. No soluciones a medias. Casas de 60 metros cuadrados, con materiales definidos con ellos mismos, que cumplen todas las normas que las anteriores no cumplían.

El Estado les falló durante dos años. Ahora está intentando hacer las cosas bien. Y el ministro que lidera ese esfuerzo no lo hace desde una oficina en Santiago. Lo hace donde debe hacerlo: en El Olivar, con las familias, con las manos en la tierra.

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